TONTOS DE LOS COJONES

dank-memes-for-the-weekend-35-photos-17

Con el transcurrir de los años van surgiendo cuestiones ineludibles, algunas tan transcendentes como la necesidad de aceptar o no nuestra propia naturaleza y otras un poco menos, como por ejemplo la cuestión de decidir si uno es lo suficientemente viejo para que deba darle vergüenza salir a la caza de pokemons.

Al respecto de esta segunda cuestión lo he tenido claro, así como también lo he tenido de la primera. Soy lo que soy, quizá porque siempre lo he sido, quizá porque he recibido cierta educación o por mis circunstancias sociales durante la formación de mi carácter, lo cierto es que independientemente de las causas me conozco y me quiero tal y como y tal y porque soy así. Y eso que soy un tonto de los cojones.

No me traten con excesiva dureza sin conocer mis circunstancias. Me defino así por motivos claros y cuantificables, si una vez acabe de explicarlos usted difiere por favor hágamelo saber. Soy lo que soy porque me amarga que me roben, me enfada que me mientan y tolero poco o nada las argumentaciones peregrinas para buscar justificar las falacias lógicas, las falsas verdades tautológicas y todos los tipos de razones basura del corte del: mire usted, voy a ignorar ese asunto del que usted me habla y de paso soltarle alguna milonga de las del marinero y el capitán.

Si ya está usted de acuerdo conmigo puede dejar de leer. Si no, sigamos. Me enfada que me roben y que me mientan, a usted también -me dirá- y nunca se ha considerado un tonto de los cojones. Cierto. Pero hace falta más que una manera de sentir para definir un carácter y mis taras no vienen definidas únicamente por mis sentimientos, sino por mis acciones. Tengo una horrible tendencia a expresar mi malestar y mis opiniones fuera del sanctasanctórum de la autocensura y del qué dirán, y lo que es peor tiendo a compartirlas con aquellos que, sin culpa ni pena me dirán, me roban y me mienten.

Ahora sí, ya entenderán porque soy un tonto de los cojones. Con lo descansado que es no decir nada, lo apacible que resulta el mirar para otro lado dejando pasar las estaciones, opinando por lo bajini a ser posible sin nadie delante y la calma chicha relajante, casi etérea, extática, post orgásmica y extrasensorial derivada del relaje de los esfínteres éticos previo a la sodomía económica y social de nuestro día a día, porque al final, si uno se calla y se porta bien, con suerte lo peor de la embestida caerá en ojete ajeno.

Puede que aquí alguien al sentirse identificado sienta cierta rabia hacia el junta letras firmante de estas afirmaciones, puede también que sienta el impulso de decir que dicho personaje es un tonto de los cojones (¡SAL DE MI MENTE!) o tal vez le mente a la madre, si, muy probablemente mente a la madre pues como todos sabemos el único problema real con la corrupción generalizada es por y para los descontentos, y por supuesto esto se debe a nuestro útero de procedencia.

Y si ahora me notan más cenizo aún que al comienzo del artículo es porque ya huelo los problemas, las insidias. Verán, soy de un pueblo pequeño, donde nos conocemos todos y podemos poner cara a quienes nos roban y nos mienten, donde les vemos a diario y podemos hacerles saber nuestro parecer, y podría parecer una ventaja a ojos urbanitas y tal vez lo fuese… si de verdad lo hiciésemos. Pero nos callamos como putas bien pagadas aunque nos hayan arruinado el pueblo, el país y a poco más que traguemos la vida.

Pero para qué diré nada, seré tonto de los cojones.

SI VAS A SER TONTO, TIENES QUE SER DURO. ROGER ALAN WADE

FELICIDAD Y EUFORIA

Es la enfermedad germinada en nuestro interior, el frío pegado a nuestros huesos diciéndonos siempre que algo no va bien, que no es lo suficientemente bueno y que podría ser mejor. Es la rabieta de caprichoso niño pequeño, el siempre querer más sin saber por qué. Es una crueldad y es un castigo, el no conformarse con lo que uno tiene y la razón de que a pesar de estar bien no es suficiente.

Y pasa en el fútbol, no nos basta con ver a nuestro equipo en primera, ni en la champions, lo queremos jugando tan bien como el mejor Barça y ganando todos los partidos por goleada; así cómo pasa en la vida, no nos basta con estar bien, querríamos una paga vitalicia como la del nescafé para vivir sin trabajar y además ser admirados y respetados por ello.

Vamos, no puedo ser el único al que le pase esto. No puedo ser el único que está así de podrido por dentro. ¿No va el club de la lucha sobre esto? Nos hicieron creer que seriamos estrellas de rock y eso nos cabrea. Al menos a mí me cabrea, ni siquiera pedía tanto, me servía un estrellato como el de Bryan Molko, nunca hubiese pretendido acercarme a la estela de los Jagger, Cobain o Tyler.

Pero de todos modos convendréis conmigo en que resulta cuando menos molesto amoldarse a cualquier trabajo mal pagado ante semejantes y desbordantes expectativas, las expectativas de todos, porque no iréis a decirme que todos los niños sueñan con ser auxiliares administrativos, bancarios o peones de albañil. Ahora supongamos otro supuesto, que no es más difícil que rizar el rizo, supongamos que esquivas el trabajo rompe-espaldas y quiebra-espíritus, supongamos que terminas en cualquier rinconcito agradable, con sitio para ser y para crecer, rodeado de buenos amigos y gente agradable con quién pasar los ratos libres, con cierta y relativa independencia económica y una calidad de vida suficiente para alcanzar lo que cualquier ser humano normal llamaría estar bien. ¿Es eso suficiente?

De ninguna manera. Pasa por ser suficiente para evitarte el trance de arrojarte del puente mas alto a tu alcance en un arrebato de incontenible depresión, pero por esto sólo una mínima minoría de gente muy afortunada llegaría a conformarse. Al resto, en este exceso de ambición o por esta crónica y mortal enfermedad de la que hablo esto nos traería por el camino de la amargura.

Y no –Oh Dios no-  no me refiero a la ausencia del grupo de Rock & Roll en el que servidor podría perpetrar algún arrítmico y brutalmente desagradable atentado. Hablo de la Sibyl Vane de todo Dorian Gray, de la sombra de gloria y triunfo que nos dé ese punto extra más allá de la simple felicidad, ese mismo que la vuelve real y perceptible, tangible. El instante de realización en el que te das cuenta de que estás de puta madre, liberador y relajante como una decena de orgasmos y más intenso que ningún gol de tu equipo.

Es la euforia. Clímax y perfección. Es la satisfacción del deseo y la desaparición de la ansiedad, es la gloria bendita. Es el éxtasis en el que te das cuenta de que antes eras feliz pero que te faltaba algo, algo que ahora tienes y que hace que ya nada parezca tan importante.

FIESTA DE LA VENDIMIA 2011 EN CANGAS DEL NARCEA

Pues ya está aquí otra vez. Y digo otra porque es la tercera vez que hablo del tema y ni más ni menos que la décima que se celebra. Y sí, es que ya está aquí, ya llegó, me gusta a mí, te gusta a ti, mucho más, dame más, distorsión, te gusta a ti, me gusta a mí, nos gusta a todos… La fiesta de la vendimia 2011 en Cangas del Narcea.

La fiesta más dicharachera a esta orilla del Narcea y de la otra también, la de los puestos de comida en la calle, la de los puestos de bebida en la calle y la de los puestos de artesanía de relleno pero también en la calle. Es broma, o no, pero en cualquier caso mención también a todos los actos oficiales a cargo de la IGP, Museo del Vino, Bodegas y ayuntamiento, aquí el programa completo: http://www.fuentesdelnarcea.org/ampliareventos.php?idioma=1&id=1022

Evento éste de carácter marcado y especial en un pueblo de emigrantes forzosos como el nuestro, huérfano de la mitad de su población en apenas veinte años y agradecido que no ansioso de estas contadas oportunidades para los reencuentros, pa vernos, querernos, critícanos un poco y sobretodo pa tomar unos vinos. ¡Coño menganito! ¿Viniste? ¡Prueba el Pesgos!

O el de la Muriella, o el otro, o el que se ponga por delante. Que en tres días habrá tiempo de más pa probalos todos. Y las empanadillas de Josefa, y la tortilla, el butiel.lo y el chosco, y las l.lambionadinas nuevas que pongan los de Santulaya, o ver si Graciano tiró un licor nuevo de coñac con aceite de ricino que fijo que ta cojonudo igual, o sino unos frixuelinos con miel, condensada o chocolatin caliente. ¡Hostia tú! O un poco de miel de esa de brezo oscura que lo mismo cura un catarro que cimenta una casa, o un poco de orujin feito con miel de esa que tien que bajar limpio-limpio.

El caso ye gastase cincuenta euros por cada cincuenta metros de calle mayor, que tamos tos en crisis pero de esta Antón el del Chicote queda arreglao hasta después de navidades. ¿No me crees? ¡Pues ven a probar el Penderuyos manguán!

¡Hostia tú! ¡Cuánto tiempo! ¿Y ese neno? ¿ye tuyo? ¡No! ¡Cagonros! Vamos tomar un Obanca pa celebralo, que esto hay que celebralo. Y luego vamos ahí a donde el pulpo a tomar lacón con grelos y unos mejilloninos.

O tiramos pal Suiss, pal del Río, pal Caniecho o pal Casintra. Parando a ver la l.lambionadina nueva que tenga preparada Pepín el del Blanco y ya si eso de la que vamos echamos un ojín en el Moreno y en el Serrano a ver que se cuece.

¿Agobiaste? Tranquilin ne, vamos pal sotero a tomar unas sidras pero si eso de la que bajamos nos acercamos al puestin de Manin a por unos bollos preñaos y unas empanadas, que a mí la sidra con el estómago vacío siéntame fatal, luego cierramelu y no me entran los cubalibres ni a tiros. ¿Prefiereslo de Xiepes? ¿O de Besullo? Coge el que te salga los cojones que tan ricos todos pero cógelos igual.

¡Hostia tú! ¿Viste la que liaron estos en el ayuntamiento? ¡Anda cierra la bocona a ver si la vamos a tener! ¡Y prueba el Castro! ¡Pascaxo los cojones! No me hables de esas cosas que se me corta la digestión y cómo se me corte con lo que llevo comido no me dan desaguao. Oye, por cierto ¿paramos nel Chicote a por unas patatinas bravas con el vino? No, no ye que tenga fame, ¿qué ye que no me escuchas o que no me entiendes? ¿Quies las patatinas o no?

Vamos pa ahí pa la carpa el Monasterio que ese tengo que probalo tovía. ¿Cómo que si el blanco o el tinto? ¿Qué yes babayu? ¡Los dos hostia! Y a ver si dan pinchín por ahí cerca que tengo ya un arreyuyo nel estómago que tan viniéndome unos sudores que no entro en mi.

¡Coño! ¡Ya ye de noche! ¿Marchar pa casa? ¿Tas tontín pichapelada? A ver a Chema pal Café del Carmen, a Guillermo nel Trasgu y a Pepe nel Bambú, a ver qué tal la familia que a dormir ya habrá tiempo… ¿Cómo que cuando? Coño, cuando lo haiga y si no se hace, que ya sabes que luego en el guestia con las polvorillas no tas nada cansao, que luego yes el peor y hay que llévate pa casa amarrándose contigo hasta el portal, fartón, que yes un fartón, que tomas dos copas y paras más en L´ablugo que Paco, que ya no es que te fíe ye que vas a cuenta.

Que no coño, que no quiero parar en el Energy. Que me dejes hostia. ¿No ves que hay un sol que no ves lo mal que hueles? Que no, que no. Que vale con las pizzas. Que en dos horas ta el pasacalles y hay que dormir algo. Mira Magín durmiendo en el cajero de la Caixa ¿Cómo que vien de arrancar la cabina el Guestia? Eso fue el año pasao ya. Na ya ahora si eso dormimos un par de horas y luego quedamos. ¿Cómo que a qué? ¡Coño! ¿Tú probaste todos los vinos? ¿Pues entonces?

Baste de desparrame, entiendo que el lector medio ya se habrá percatado del mensaje subliminal… y a los submedios os explico que es que la vendimia me encanta, hasta me pone un poco como me recordaron ayer sin ir más lejos. Claro que ya no queda mucho más que decir de una fiesta sencilla, de las de comer y beber de toda la vida, de las de ver a los amigos pa tomase algo, no, no hay mucho más, pero aún así ye pensar en estos días que nos vienen encima y caéseme la babona toda, será po las empanadillas, los bollos preñaos, los frisuelos, los bocartes, los solomillos, el primer picadillo, las avellaninas tostadas, la carne de cangas roja al punto de sangre, el vinín de la tierra, rojo y fuerte, la carne de caza, las verdurinas, las canguesinas, mi canguesina… ¡ReDiós! ¡Viva Cangas! ¡Viva la Kilika!

UN CARMEN DE MIL SARMIENTOS

Este post no tiene mucha historia. José María el de Flórez Sierra me pilló borracho en el Trasgu, necesitaba gente para cantar en el concurso de peñas y me convenció para que hablase con los chavales. El resultado: inenarrable. La experiencia: inconmensurable. Las expectativas: desbordantes. El premio: inexistente. Y la previsión de futuro: clara, el año que viene más, y a ser posible, peor.

Peña Sarmiento.

Más que una peña, un sentimiento.

Aquí va una canguesada

pa que calle el que decía

q-ai que ser nacido en Mieres

pa cantar asturianías

 

Dices aiquí que no hay mozos,

y si hay que no se atreven,

que vienen los forasteros

y se llevan las que quieren.

 

Luego, cuando paso por tu puerta

paro la burra y escucho

oigo decir a tu madre

que eres guarra y comes mucho

 

Cuando se muera tuo padre

voy enterralo boca abaxo,

por si el cabrón quier salir

que se meta más pabaxo

 

Madre, que me quedo moza

sin probar el chocolate:

hágame usted seis onzas,

si quiera pa que lo cate.

 

Yo se lo i-pedí a mi novia

un lunes por la mañana

y dixome la puñetera:

¡buen comienzo de semana! 

 

Cuando yo era pequeñito

a mí me decía mi madre:

eres el vivo retrato

del amigo de tu padre.

 

Si Cristo murreu na cruz

con tres clavos solamente

cómo no muerre tu prima

que-i la clavan tanta xente

 

Puta tú, puta tu madre

Puta tú, puta tu tía

cómo no vas a salir puta

siendo de la putería

 

Ahora sí que estamos bien,

tú preñada y yo en la cárcel:

tú no tienes quien te meta,

yo no tengo quien me saque

 

 

Ya se acaba la canción

ya l.lega la despedida

no se caliente la xente

entre tanta tontería

 

A la entrada de este pueblo

hay un castaño florido

con un cartelin que diz

jodese y no haber venido

Y entre medias hasta tiramos voladores:

 

25, EN UNA HISTORIA DE AMOR

Y ya van veinticinco. Quizá lo propio sería dejarlo correr con elegancia, sin hacer ninguna mención especial al tema quitándome importancia. Pero para quitarme importancia ya está el resto del mundo y tampoco es que últimamente ande muy sobrado de temas para postear. No estoy viendo nuevas series, no he encontrado libros verdaderamente interesantes, sigo negándome a tocar el tema político, el deportivo u o el cinematográfico cómo el resto de patanes que quieren ser opinólogos profesionales y al final, entre escribir y trabajar, tampoco he tenido tiempo de perderme en las reflexiones habituales.

De todos modos ciento noventa y cuatro entradas y me quedan otras seis. Ya he escrito por adelantado la última y creo que –a excepción de aquellos a quién no les parezca una rayada impresionante- os gustará mucho. El próximo mes hará dos años desde que empecé con esta pequeña incursión literaria y este vigésimo quinto día de mi nombre parece un momento adecuado, o al menos tan bueno como cualquier otro, para echar la vista atrás y hacer inventario.

Licenciado y con empleo me encuentro mejor que nunca. Y no es que el empleo sea aquel con el que siempre he soñado, a decir verdad es una alternativa que nunca había considerado hasta que la oportunidad se cruzó en mi camino, pero lo cierto es que es un trabajo atractivo no tanto respecto al salario sino en cuanto a la oportunidad constante que presenta de crecer, de innovar, de lanzar nuevos proyectos desde cero y verlos crecer. Claro que tampoco es que el tema académico me parezca crucial, nunca lo ha hecho. ¿Tienes dos másteres, dos licenciaturas y un doctorado? ¿Hablas alemán y chino? Enhorabuena, tienes treinta y cinco y no has pegado un palo al agua en tu vida, además el manejo de otros idiomas solo indica que eres capaz de aburrir a más gente con la incontenible sarta de estupideces que viertes siempre nada más abrir la bocona. Ni el peor trabajo excusa la ignorancia ni el título más puntero exime de la estupidez.

Pero el tiempo pasa para todos y a medida que lo hace es inevitable ir asentándose respecto a ciertas ideas. Una fundamental y prácticamente olvidada es la del deber. Y digo lo de olvidada porque parece que nadie hable de ella últimamente cuando, en estos tiempos de crisis y de ruina, de pauperismo moral y político, nadie censura o humilla públicamente a aquellos que sin el más mínimo recato se dedican a hacer el imbécil. Todo porque los Fulanito es así o Menganita es de aquella manera, porque con los políticos ya se sabe o porque ye lo que hay. Veréis, con el tiempo me he dado cuenta de que básicamente todos somos niños grandes, queremos lo que queremos cuando lo queremos y de buena gana nos echaríamos al suelo a patalear cuando no lo conseguimos, pero el merito radica en la elección de no hacerlo. En mantenerse firme y hacer lo que debe hacerse, trabajando hasta caer rendido y esforzándonos para ser buenas personas. Y es que creo que todos nos pasamos la vida interpretando lo mejor que podemos el papel de la persona que creemos que debemos ser , así ninguno es un trabajador modelo, un padre ejemplar o un gran amigo del alma, sino que nos esforzamos en el trabajo, tratamos de ser grandes padres y de cuidar lo mejor que podemos de nuestra gente, no porque sea un gesto natural salido de la nada mágica y que surja sin esfuerzo, sino porque damos lo mejor y tratamos de cumplir lo mejor que podemos en nuestra vida. Eso es el deber y ser indulgente con los estúpidos, los vagos o los políticos no les ayuda a ellos pero sí que nos complica la vida a los demás.

Otra línea de pensamiento que ha terminado por materializarse definitivamente es la concepción que tengo sobre los demás, o siendo más preciso la concepción que creo que los demás tienen de mi y que en definitiva es la que me afecta. Nos pasamos el instituto creyéndonos las estrellas de la película, muchos se pasaran su vida creyéndolo y se morirán sin que nadie les saque de su error, la realidad es que la gente no dedica ni un segundo de su tiempo en pensar en nosotros. Pensarán en nosotros si les afectamos en algo o les interesamos para algo, pero de ahí a dedicar un pensamiento a nuestros sentimientos o a nuestra situación personal hay un trecho largo. Dedícale un segundo, ¿hace cuanto que no piensas en cómo se sentirá Fulanit@? Ni siquiera aquellos más cotillas prestan atención a los sujetos de sus chismorreos, únicamente se centran en la noticia y en el placer que les proporcionará contarla. Este principio es básico para mí y es clave a la hora de establecer mis prioridades.

Y entiendo que pueda parecer lúgubre o pesimista, una vida dedicada al cumplimiento del deber y básicamente anónima o carente de calado, pero creo que el mundo es así y vale más aceptarlo como viene que perder el tiempo tratando de hacerse un nombre o intentando ser apreciado por los demás. Además pensar así ayuda a sacarse la cabeza del culo un rato. Los nombres vienen y van y los constantes esfuerzos por tratar de ser querido solo garantizan que serás el primero al que llamen cuando necesiten alguna gilipollez. Pero pese a todo esto llevo unas semanas sonriendo como un gilipollas y sin poder dejar de hacerlo, supongo también que ya conoceréis sin mucha más ayuda el motivo, tal vez a algún solitario empedernido y sin suerte se le escape, pero baste decir que la única razón es la misma que da inicio a todas las grandes historias que merece la pena contar: una casualidad, una mujer y una mirada.

Ahora solo falta que los medicastros y matasanos de Oviedo me devuelvan al chiquillo y me consideraré feliz, pero aún así estoy seguro de que a mis veinticinco años estoy mejor que nunca, y si vosotros no tuvieseis algo que ver en ello tened por seguro que no ahora no estaría escribiendo esto. Muchas gracias a todos, por todo.

Y FUE A HABLAR DE PUTA “LA TACONES”

Llevo una temporada fuera de combate, pero sepa la basca que no he estao de más, que no he perdido el tiempo, que lo he gastado en salir, beber, el rollo de siempre… (Extremoduro, dixit) Ahora en serio, más o menos y al fin y al cabo esto no es cierto, no me hubiese importado, pero la verdad es que no. He estado currando y bastante absorbido por mis mierdas, he escrito si, pero no lo he publicado. Pero bueno, eso, que no he estao de más. Punto.

Y no es que este calor sahariano invite a pasarse una hora, o ninguna, sentado poniendo opiniones por escrito, pero por lo menos el tiempo así me pasa más rápido que contando uno a uno los diversos churretones de sudor que me van atravesando el polo.

Adjunto a esta última guarrada una reflexión, en efecto el masculino humano es un ser desagradable. Peludo, huele fuerte y pese a ocho mil años de avances en teoría y práctica higienista aún ahora le cuesta horrores pasar por un organismo aséptico. Si bien y pese a ello los más tratamos de hacer lo posible por no aturdir a los congéneres a golpe de aromazo sobaquil.

Que aún parece mentira que a estas alturas estemos hablando de gente a la que parece le cuesta fichar en la ducha cada mañana, que paseen entre dientes el pincho de tortilla de la mañana hasta media tarde o que exhiban entre otras perfectos yacimientos de antracita bajo las uñas. Lo peor es que esto es sólo la punta del titánico iceberg.

La gente joven cada vez se cuida más, hablo de dietas y rutinas de ejercicios, los nuevos jóvenes, absorbidos por la MTV (ahora sin música) viven bombardeados por unos patrones de imagen concretos, una sociedad cruel con los defectos y un montón de consejos útiles para alcanzar los primeros y sobretodo huir de los segundos.

La gente –jóvenes y menos jóvenes- también ha aprendido por fin que para estar guapo hay que sudar. Algunos descerebrados y vagos hasta el tuétano siguen prefiriendo pasar por quirófano o sentarse en una jeringuilla llena de Wistrol o Nandrolona, al más puro estilo Jersey Shore, claro que ahí ya estamos hablando de selección natural. Pero no es esto de lo que quiero hablar hoy, hoy quiero que se entienda que es una cuestión comúnmente aceptada el hecho de que vivimos, siendo perfectamente conscientes de ello, bajo unos patrones de imagen que marcan que el hombre debe ser un David Miguelangeliano de abdominales marcados y la mujer una vigilante de la playa en la playa,  una estrella de Hollywood en la alfombra roja hasta para ir a comprar papel higiénico y una modelo de lencería en pasarela para irse a dormir, todo sin dejar de oler a rosas y sin enseñar un pelo desde el tobillo hasta lo alto de la nuca.

¿O no? Y aquí os lo concedo por pleno derecho, haciéndole de paso un guiño a Ani y a sus acusaciones de machista, aquí, sobretodo aquí y de un modo particularmente sangrante reconozco que los tíos somos lo peor.

Y es que estoy harto, desagradado hasta la nausea en no pocas ocasiones, de escuchar ciertos comentarios zoquetiles sobre la apariencia de las mujeres. Así ciertos “colegas” u o compañeros puramente accidentales de género, ensucian el ambiente abriendo los contenedores que calzan por boca lanzando comentarios sobre el aspecto de las féminas al alcance o no de la vista.

Sin hablar por supuesto del Fulanita está buenísima no veas lo que le haría, si esto o aquello o lo de más allá. Hablo de estar rascándose los cojones a dos manos en alguna terraza, luciendo modelito de chándal puramente dominguero y sin duchar porque pa qué, abriendo la bocona pa rematar y decir que Menganita es una guarra porque el otro día en el gimnasio sudaba cómo una cerda. Y es que olé tus dos cojones Andrés.

Esto si es que fue uno que va al gimnasio para verla, porque lo más típico es que aquí estemos hablando de barriga cervecera, de barriga parrillera o ya directamente de barrigón de no verse la punta del pijo. De barba cerrada hasta el perineo o de pelo poya cerrado hasta la nuez. Vomitando sin cesar juicios de nulo valor objetivo criticando las pintas de tal o cual, sin siquiera ponerse colorado cuando esa misma mañana y a falta de muda limpia el sujeto terminó optando por voltear hacia fuera el lado marrón del calzoncillo.

Porque si, las tiene grandes, pero luego sin sujetador fijo que se le caen hasta el ombligo. Menudas manchas de sudor tenía esa el otro sábado cuando curró de camarera. Hable con Fulanita el otro día y le olía el aliento a fosa de purines. Menganita remangó la falda el otro día y vaya pelazos que tenía. Es que es maja pero tiene más pelo en los antebrazos que yo. El culo caído, los tobillos anchos, mucha pantorrilla, grasa debajo del brazo, piel de naranja, patas de gallo, celulitis, bigotillo, las cejas mal depiladas, unas pintas raras, poco maquillaje, o mucho, los dientes torcidos o el flequillo muy marcado… ahora vamos a ver, gañanes hijos de puta, ¿quién de vosotros se ha depilado el culo para que no se le quede medio zurullo pegado cada vez que pasa por caja? Porque me cago en todo lo cagable, panda de gordos de mierda, seguro que sois de esos que si se peden en la cama se tapan con las sábanas para captar mejor los matices, de los que se vestirían cómo payasos daltónicos de no ser por sus madres o novias y sobretodo del tipo típico de tío que no se para lo más mínimo a pensar antes de abrir la bocona,  soltando barbaridades sin ton ni son y dejándonos de paso a los demás a la altura del betún barato, hablo de vosotros, seres capaces de despreciar a una mujer por algún detalle mínimo sin reparar en que, aún dejándose por completo y sin hacer nada nunca más, totalmente en barbecho, esa misma mujer sería siempre algo más perfecto y bello que vosotros mismos aunque  a partir de mañana os pasaseis la vida en el gimnasio, pinchándoos de todo, gastando una fortuna en dietistas y en ropa hasta llegar a ocupar  las portadas de revistas. Porque queridos amigos: aunque la gocha se vista de seda, en gocha se queda…

VOY A DEJARTE, CARIÑO

-Voy a dejarte, cariño.

Si le has echado un par de huevos se lo dirás a la cara, sino dejarás que algún emoticono triste le transmita tu profunda desazón en un sms, o se lo cascaras por el twitter a lo Forlán. En cualquier caso estamos hablando del tipo de palabras que a todo el mundo le disgusta pronunciar, y por muy buenos motivos.

De ser el que las escucha tienes que saber que la solución elegante esta clara, decir que sí, que tiene razón, que aquello no iba a ninguna parte y que a la larga será lo mejor que podéis hacer. Dando a entender de paso que tú también andabas con la mosca detrás de la oreja, que también pensabas en dejarlo y que al final ella te ha hecho un favor evitando que fueses tú quién hubiese de dejarla. Dejándola –y aquí está lo bueno- más afectada de lo que nunca pensó en un primer momento.

Ahora bien, esto no es lo habitual. De hecho y siendo sinceros es algo con lo que nunca en toda mi vida me he encontrado, más bien me doy siempre con la habitual llantina- cara de disgusto en un primer momento, los sms lastimeros de la semana siguiente y después la procesión habitual del odio eterno, del mecagonDios, cagonmivida y cago en tu puta madre, siempre tan poco elegantes cómo efectivos. Y es que quién tiene un amigo tiene un tesoro y quién tiene una ex… tiene un problema.

Cierto que de ser un mundo guay, a lo mundos de yuppy, lleno de pequeños ponys o de osos gummy, nadie debería verse en la situación de tener que asumir no ser lo bastante bueno, de tener que comprender que las abuelas mienten, que a diferencia de lo que nos dicen no somos lo bastante guapos o listos o buenos como para retener a ese alguien que se va.

Y todo esto, sin dejar de ser cierto, no tiene por que se verdad. Aquí al margen de lo que sea cada uno o cómo se haya comportado, lo cierto es que cada persona pasa por su infierno privado (private hell!!), cada uno viene con su bagaje y sus cuentas pendientes y cada uno busca algo a lo que no siempre podemos responder. No hace falta pues que carguemos con toda la culpa y si, lo digo para que algunas personas se sientan mejor. Pongamos que conozco a una chica inteligente, cariñosa y elegante, un auténtico bellezón que me quiere y me mima y supongamos que en cuestión de semanas la mando a tomar por el saco a la primera de cambio, no tiene porque ser su culpa si en este caso yo mismo he boicoteado deliberadamente la relación porque en secreto lo que realmente deseo es volver con mi ex. Ahora prueba tu a explicarle nada a nadie arrancando con el no es por ti, es por mi. Mejor dile que te estas asfixiando dentro del armario y que tienes que salirte corriendo a jugar al tírame del rabo, aún cuando no sea cierto ahí le darás algo en lo que creer sin sentirse culpable.

Tampoco creo que sea culpa del abandonado si habiéndote metido en una relación, por pura inercia y sin un pijo de ganas, te cansas un par de semanas después, conoces a alguien más molón o Dios no lo quiera te paras a pensar y te das cuenta de que allí no pintas nada. En cualquiera de las tres terminas dándole la patada de mala manera y volviendo al escenario del no es por ti, es por mí. Otra vez te recomiendo que le digas que prefieres irte a perseguir salchichas que quedarte allí explicándole todo lo anterior, ni lo va a entender ni va a querer hacerlo, quedarás cómo un cerdo de todas-todas y si vienen mal dadas, sobretodo si la moza salió poligonera, terminarás defendiendo tu vida de los primo hermanos del Yonan a la puerta de cualquier bar.

Que ojo, que no digo que saberse libre de pecado vaya a hacer gloria bendita, que las depresiones no desaparecen y cuanto más egocéntrico sea uno peor. Que tampoco digo que haya gente que no se lo merezca, que hay mozas que cuanto más las conoces más ganas te dan de echar a correr a lo Forrest Gump pero sin parar ni al llegar al mar,  que las hay más zorras que el caballo de David el gnomo y más malas que una coalición de brujas de Disney. Que hay tíos más inútiles que un funcionario en horario de oficina y más bichos que dos tarántulas siamesas, que hasta servidor se pone intratable cuando pierde perspectiva y que simplemente hay gente que no, que no te entran por el ojo bueno y que luego da igual que te empeñes que no, que contigo no, bicho. Y luego ponte parriba o pabajo, que te la pique un pollo y que no te quiero cerca porque es que hablas y me dan ganas de tirarme por el puente colgante, no, me dan ganas de tirarte a ti por el puente colgante. Si, esto es lo más común. Lo se yo, lo sabes tú, lo sabe todo el mundo, luego arráncate con el no es por ti es por mi, te cruzaran la cara y con razón, pero si no querías dejarlo, no haberlo empezado.