LA MUJER IDEAL

Últimamente, además del retraso en la publicación de entradas por causas personales y laborales, he hablado bastante de las nociones que tengo sobre el sector femenino de la raza humana, tocando en el último post levemente el tema de mis apetencias, hoy, en estos diez minutos libres, procuraré extenderme un poco más en esto mismo, en mis gustos y costumbres, en mis fantasías y anhelos más secretos, en mi descripción de la mujer ideal.

Me gusta pensar que soy un hombre que da lo mejor de si mismo, pero sin desgranarlo mucho digamos que tampoco me esfuerzo tanto, trato de balancear la dieta y de mantenerme en forma, salgo a correr y soy estricto con las rutinas de pesas, me mantengo al día leyendo los periódicos, sigo devorando novelas como siempre he hecho y veo bastante cine, soy ahorrador por si las moscas, soñador porque sigo escribiendo y optimista porque pienso que al final todo me va a salir bien. Soy un tío trabajador con lo mío y cumplidor con el trabajo ajeno, siempre tengo una conversación para quién la quiera -hay quién me considera gracioso- y siempre ando entretenido con algo. En el pasado era un diletante, ahora estoy mucho mas centrado y poco a poco todo aquello que me había propuesto empieza a coger forma y a salir adelante. Pese a ello entiendo que no soy un chollete, no soy el partidazo al que muchas aspiran -al menos de momento- pero por fortuna este tipo de mujeres tampoco me interesan a priori.

Consciente por tanto de algunas de mis muchas taras y defectos sigo sin conocer limites, limites que muchos de mis conocidos se marcan escrupulosamente, como no hablar con tal o cual chica por ser demasiado guapa, mayor, inteligente, rara, extranjera… Esta curiosa percepción de mis posibilidades siempre me ha abierto muchas puertas cerradas para otros, pero por el contrario ha situado mis estándares en una posición difícil de alcanzar. Los lectores habituales notareis aquí una incongruencia con entradas anteriores, no os desesperéis, cierto que soy prácticamente una fulana por lo poco escogido que resulto a la hora de acostarme con alguien, pero no soy así para nada en lo relativo a mis relaciones. Las chicas a las que he llamado mi pareja se cuentan con los dedos de una mano, siendo apenas tres con las que he estado realmente comprometido y siendo también gracias a ellas que he aprendido a saber lo que quiero en mis futuras relaciones.

Quiero una mujer pequeña. Respecto a sus proporciones únicamente, entiéndase esto. Mis motivos para esto son sólo míos pero digamos que solo los malos generales ignoran las cuestiones logísticas, esto es, hasta el deportivo de más bellas líneas plantea una conducción difícil por su tamaño y la distancia entre sus ejes, a este respecto la mujer, si es al menos una cabeza mas baja que el hombre solo presenta ventajas. Ahora el que quiera entender que lo entienda.

Sexualmente debemos ser compatibles. Hace mucho tiempo leí en un libro de Juan Eslava Galán que las mujeres pequeñas despertaban una lascivia muy importante entre sus amantes, argumento que doy por demostrado, no obstante esto no sirve de nada cuando no se dedican a nada más que a atemperar la lascivia que ellas mismas despiertan. Quede claro también lo siguiente, soy una persona muy sexual, lo soy a mi edad y lo fui en todas las anteriores, de hecho aún no hay indicios que me hagan pensar que no vaya a serlo en todas las siguientes, por ello busco a una  persona compatible que sin llegar a priorizar el sexo le de la importancia que merece, esto es, alguien que aplique lo que yo llamo el tratamiento del antibiótico, de dos a tres veces al día en función de la dosis y siempre así hasta terminar la caja u aparezcan efectos secundarios.

No me importa el color del pelo, los ojos, el tono de piel, el tipo de labios o el físico en general. La persona que siempre me pareció la más atractiva no lo hizo por encajar en un estándar de belleza inalcanzable, sino por ser siempre ella misma la persona a quién mas había deseado. Por lo demás las prefiero morenas, españolas, con pecho, pero repito que cada mujer es un templo y todas son bellas a su manera, todo el mundo tiene sus gustos y se cree experto pero yo estoy convencido de que la diferencia clave la marca el cariño.

El otro día hablaba sobre el tema con un amigo, estábamos en el gimnasio y entre series me comentaba cómo él no quería casarse con ninguna mujer que fuese más inteligente que él. Ahí yo razoné que el mundo ya estaba bastante bien servido en lo que a imbéciles se refiere cómo para meterse a otro más en casa. Y a esto me voy a ceñir aquí también. Quiero a una mujer inteligente, que me ayude a ver lo que no veo y que -¿por qué no?- sepa manejarme cuando me pierdo o me ponga imposible, yo trataré de hacer lo mismo por ella. Porque no todo tiene que ser un juego de poder.

Que sea inteligente y ambiciosa. Yo mismo puedo caer en el conformismo e incluso en la indolencia, de hecho se me da particularmente bien estando en una relación. Por ello no creo que venga mal salir con una mujer que sepa lo que quiere, mejor si sabe cómo conseguirlo y si no, ya pensaremos en algo juntos.

Sobre su edad. Me muevo en una franja temporal que roza lo perfecto, con amplitud de campo para involúcrame con chicas desde los casi veinte a los casi cuarenta. Lucho de un tiempo a esta parte con mi insana –para mi- fijación con las chicas mayores que yo, fijación que desemboca en relaciones cortas y explosivas altamente perjudiciales –para ellas, salvo la excepción que confirma toda regla-.

Ella debe saber también cómo suponer un reto constante para mí. Darme mi espacio pero sin ser tan independiente que me olvide ella, pegajosa para que la eche de más o dependiente y sumisa como para que me aburra. Debe prestarme atención al tiempo que hace que yo le preste casi toda la mía. Si me aburro se acabó y normalmente me aburro muy –pero que  muy- deprisa.

Según lo voy pintando me doy cuenta de que lo más complicado viene ahora, cuando a esta chica pequeña, de sexualidad viva, atractiva, inteligente, segura y ambiciosa, le planteo otro punto vital: quererme. Mi mujer ideal me quiere, no se conforma, me tiene cariño, admiración y estima, se siente atraída por mí y respeta lo que digo, lo que hago y a mi mismo aún cuando no tenga razón y me equivoque en lo que hago. Ya sabéis, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe. Es por esta falta de cariño que ni la más perfecta de las tormentas dura para siempre.

Sé que pido mucho, pero es que doy mucho. Además, si no supiese que este tipo de mujer no es una quimera tampoco la buscaría. Tal vez el método vigente de ensayo y error no sea el más efectivo, lo he mantenido porque sin duda es el mas divertido, no obstante poco a poco noto que me estoy acercando a algo bueno, no puedo precisar qué es, algo parecido a una sensación, puede que algún tipo de sentimiento o presentimiento que me dice que algo estoy haciendo bien.

P.D. Pronto podréis disfrutas de Turnedo, completa y previo pago en Amazon. No concreto nada respecto a la próxima entrada… julio en Cangas.

LA REGLA 34

Sigo a las vueltas con el tema del sexismo. Lo sé, lo sé, soy un cansino. Pero cuando me da por algo me da y punto pelota. Ayer mismo discutíamos sobre el tema, el tema ese del amor, el sexo, el hombre y la mujer que tanto nos gusta, nuevamente con la cuestión de las perspectivas hemos topado. Así y para resumir, concluimos que una guarra es la mujer que se acuesta con muchos hombres pero un guarro no es un hombre que se acuesta con muchas mujeres, ni siquiera el que alardea de ello, ni tan siquiera el que guarda un casco de bici bajo la cama, no, el guarro para gozar de tal condición debe jugar a la comba con la delgada línea que separa al animal salido común del enfermo reconocido u onanista. Guarros que hoy por hoy y merced a miles de años de evolución tecnológica gozan de la herramienta definitiva en el campo del cinco contra uno: Internet.

Sobre el sexismo. Personalmente me parece cuanto menos curioso que el calificativo de guarra sea con mucho más peyorativo que el de guarro, aún cuando este último es implícitamente mucho y con mucho más patético y repulsivo si se piensa detenidamente. Si ella se acuesta con muchos hombres es un ser despreciable pero si el se pasa la vida frente a la luz azul del ordenador pelándosela hasta que le salgan úlceras es… ¿qué es? ¿apasionado? ¿solitario? ¿un alma incomprendida? Vamos a ver, hay monos en el zoo con mas autocontrol que ciertas personas que conozco, dejémoslo ahí, pajilleros.

Ahí va una injusticia, pero al menos una injusticia útil para reconocer una pequeña tara personal. Y es que a pesar de ser consciente de ello, de ser un exponente vivo de lo mismo en el sexo contrario, tengo asumido y reconozco aquí que a este respecto si soy un poco cerrado de mente, conservador, cargado de prejuicios o garrulo, eso os lo dejo a vuestro gusto. Nuevamente insisto en que a juicio personal y personal sólo, reconozco que para mi vida privada, para mi pareja, prefiero a una mujer que se haya acostado con siete hombres a una que se ha acostado con setenta. Razones: me gusta sentirme especial, me gusta confiar en que mi pareja no perderá las bragas a la primera ocasión, me gusta la gente que sabe lo que quiere y no la que lo quiere todo, me gustan las mujeres que ya han estado en relaciones largas y me gusta que tenga que gustar para llevar las cosas un poco más lejos.

¿Aplico esto a mi persona? Nada más lejos de la realidad. Me gusta pensar que la gente de bragueta rápida no somos monstruos, algunos de mis mejores amigos, chicos y chicas, lo son y ello no nos impide llevar una vida equilibrada en lo demás. Tal vez no sea justo exigir a una pareja algo que no te exiges a ti mismo pero en cualquier caso es lo que busco, en mi descargo tengo que decir que en mis experiencias monogámicas he cumplido con lo que se esperaba o se pretendía de mi, cariño y u amor y sobretodo fidelidad más allá de la costumbre. Teniendo también malas sensaciones en base a celos artificiales, dañinos, construidos en base a pasados lejanos y situaciones hipotéticas fruto de la lucha de poder dentro de la propia pareja, celos que me ayudan a reafirmarme en mis preferencias y que, respecto a mi propio pasado de idas y venidas, me han enseñado a tener la puta boquina bien cerrada para variar, comprendiendo por fin que en boca cerrada no entran moscas y que cada chica con la que estoy no tiene que saber exactamente cuantas veintenas la preceden. Resultando de todo esto, una exigencia de honor y castidad por parte de ellas recompensada con una ración generosa de omisión de la verdad por la mía, tal vez si que sea un monstruo. En cualquier caso y cómo me dijo Pitufina,  seguro que “no soy de algodón de azucar”.

Sobre Internet. En el campo del onanismo y de los guarros se da la siguiente circunstancia: La regla 34. La Regla 34 es uno de los “pros o contras” que Internet ha traído consigo desde que se fundó por los años 80, aunque se ha ido ubicando a todos los contenidos multimedia.
La Regla en cuestión dicta esto: “Si algo existe, existe porno sobre ello. Sin excepciones. Y si no eres capaz de encontrar porno sobre ese algo, tienes la obligación de crearlo para que la regla se cumpla sin excepción“.

Y aquí es dónde se separa el hombre del animal, aquí es dónde muchos pierden el norte y se dan a los más inimaginables desvaríos y vejaciones. Aquí es dónde nacen los guarros, aquí es dónde todo empieza a ir mal y dónde, en un mundo lleno de guarros y regido por la regla 34, un mundo con 3500 millones de mujeres, alguien termina por hacer porno con tú ex, o su clon exacto.

 

En un mundo lleno de porno de acceso libre en el que alguien terminará por colgar el video a tu alcance o al de alguno de tus conocidos, que a su vez terminan sirviéndote el video en bandeja haciéndote llegar de paso los sudores fríos y el sabor a vómito a la boca. Finalmente tras siete de los más interminables minutos de tu vida te relajas al ver que la replicante tiene un pecho mucho más grande que el otro y respiras, abandonando la amnea y las puertas de la muerte, maldices Internet, la regla 34 y te alejas del ordenador, sin dejar de preguntarte si la de la pantalla será ella en realidad, si no le habrá pasado algo en el pecho y horrorizado ante la idea de volver a ver el video, pero en cualquier caso dispuesto a encontrarte una chica modosita, que se haya acostado con pocos hombres y que nunca y bajo ningún concepto se metería al porno, excepto y quizá, alguna breve y borrosa película casera porque y cómo ya se ha escrito, no debe haber excepciones para la regla trigésimo cuarta.

PERDÓN, SI TE HE OFENDIDO

Me han hecho saber –por un desafortunado incidente pero no sin razón- que quizá la imagen de mi persona que se proyecta en este blog pueda no ser la más adecuada, agradable o políticamente correcta. Aquí reconozco que siempre había pensado que no, que a buen hambre no hay pan duro y que para el que no quiera tengo yo bastante, adscrito permanentemente a la filosofía que me imponía responsabilidad únicamente sobre aquello que yo mismo decía, nunca sobre aquello que otros pudiesen (o quisiesen) entender.

Pudiera o pudiese ser un problema que siga decidido cómo el primer día a mantener esta línea, pero sí que me gustaría matizar un punto de la crítica referida anteriormente: mi forma de tratar a las mujeres, véase la mujer cómo entidad o cómo sujeto, nunca cómo colectivo o particulares.

Y perfectamente consciente de poder estar equivocándome pero rondando ya el cuarto de siglo, creo haberme aproximado a algunas verdades aceptadas comúnmente entre numerosos exponentes del género del cromosoma repetido, entendiéndolas en cualquier caso no cómo verdades absolutas pero si verdades comúnmente aceptadas. Y  llevo casi un par de años reconstruyendo todo aquello que creía saber sobre las mujeres y estar finalmente acercándome a algo, algún tipo de respuesta o revelación que termine de confirmarme dándole forma todo aquello que creo saber.

Se me ha acusado en base a algunos artículos recientes de tratar a las mujeres cómo objetos, no sé si nada más lejos de la realidad pero seguro que nada más lejos de mi intención. Veréis, me encantan las mujeres, tengo todos sus discos (H. Moody). Y si bien el abandono del romanticismo por mi parte puede atribuirse a un gesto patriarcal y machista, yo lo enfocaría en una dirección totalmente opuesta. El abandono del romanticismo y los roles de seductor, amante y Don Juan no puede ser sino una aproximación a la igualdad. No creo en la mujer cómo la delicada paloma o la frágil rosa de las novelas de caballería, ni en las mártires de las novelas de Jane Austen. Pero claro, sin faltar por supuesto a las mártires, palomas y rosas que puedan darse por aludidas.

Tampoco creo que sea machista referirse a algún tipo de insospechado encuentro nocturno, de esos que empiezan en algún bar poco iluminado y terminan recogiendo ropa del suelo de algún desván o de la planta de algún portal. No creo en ningún caso que encontrándote con una fémina compatible el juego se reduzca al clásico baile de seducción entre cazador y presa, no al menos del modo en que las más extendidas doctrinas paternalistas quieren hacernos creer.

Un ejemplo. Ves a esa chica apoyada al fondo de la barra, cruzáis las miradas y las mantenéis durante un segundo, imperceptiblemente se os dilatan las pupilas y sin notarlo notas algo que te revela el hallazgo de una pareja sexual compatible, la perspectiva de un posible encuentro te pone el pelo de la nuca de punta y antes de que la cabeza se te llene de pájaros y la camisa de un sudor pegajoso apuras el contenido del vaso. Ahora párate a pensar en qué habrá visto esa chica. Según mi teoría exactamente lo mismo que tú. Se habrá fijado en tus vaqueros, en el modo en que te sientan y en su marca, en cómo abultan por delante y por detrás, en tu cinturón, en el resto de tu ropa, el modo en que la llenas y su precio aproximado, se habrá fijado en tu cara, en cómo se dibujan tus rasgos y en cómo los cuidas, en tu barba y en tu pelo, hasta en tus zapatos. Básicamente en todos los símbolos visibles de tu físico y de tu estatus, en todo tu ser visible a simple vista.

¿Diferencias? Sólo matices, ellas suelen prestar más atención a los detalles, se les suele dar mejor combinar colores y son mucho más hábiles captando detalles, la mayoría de nosotros no distinguimos entre una mujer que gasta mucho dinero en ropa y una que no, muchas de ellas si tienen un ojo clínico para este tipo de asuntos para los que yo, por poner un ejemplo, soy un completo analfabeto. Nuevamente mis respetos para las excepciones de uno y otro bando.

Vuelta a la mirada, tú la has visto y ella te ha visto, con un gesto tan simple cómo ese escueto contacto visual os habéis dicho más de lo que mucha gente comparte a lo largo de horas de tediosa conversación. Ahora puedes acercarte o no a hablar con ella, mi experiencia general me dice que la mayoría de tíos escogen este momento para echarse atrás, por miedo escénico o pánico a fracaso, en cualquier caso es algo que yo nunca entendí pero que nunca criticaré porque a río revuelto ganancia de pescadores. Aquí no me disculpo ante nadie, aquellos a quienes nunca han rechazado son siempre los que menos mojan. He dicho.

Si en todo esto que acabo de contar alguien advierte que trate a las mujeres cómo objetos por favor me lo haga saber. Creo ser únicamente sincero, si veo a una desconocida atractiva en un bar primero me fijo en su cuerpo y en su apariencia, pienso en lo que le haría y en lo que le dejaría hacerme, cierto que en este tipo de encuentros nunca me paro a pensar en el alma de la chica, en sus sentimientos más profundos, en sus miedos o en sus anhelos, en sus esperanzas o en sus miedos. Reconozco que sólo pienso en ella cómo persona al más bajo nivel, casi animal, siempre educado pero eminentemente físico. Si esto me convierte en un monstruo, lo acepto cómo viene.

Ahora bien, qué creéis que ha visto ella. ¿Creéis que ella se ha fijado en vosotros por la pureza de vuestra alma inmortal? ¿En vuestra gran capacidad para amar? ¿En vuestro presumible talento cómo futuros padres? No, ella se ha fijado en el bulto que dibuja vuestro teléfono móvil en el bolsillo de vuestro vaquero. Se ha fijado en tu aspecto, en los símbolos de tu estatus, ropa y apariencia, bajo ellos se ha fijado en tu físico y en algún punto inconsciente ha decidido que servirías cómo pareja sexual, en un punto más consciente ruega a algún Dios invisible que sepas qué hacer con tu cuerpo y en un primer plano, el más básico, cercano y más importante, te ve únicamente cómo un consolador de metro ochenta y setenta y cinco kilos, multifunción, con doce velocidades y treinta variedades de uso. Muy pocas lo reconocerán en voz alta, pero que alguna me corrija si me equivoco.

Y creo tener mis motivos para pensar así. Tiempo atrás, cuando buscaba encuentros fortuitos por Oviedo, siempre trataba de explotar mi filón sensible, era buen tipo, sensible y cariñoso y creía que dándolo a entender cualquier chica cabal terminaría por rendirse a mis encantos, hasta recitaba y escribía pequeños poemas, poco pulidos y de rima consonante. Solía hacerlas reír y conseguía que coquetearan un poco, pero con bien poco éxito para todo lo que lo intentaba, quizá por ello de aquella lo intentaba tanto, pero tanto-tanto. No obstante y tras tristes y ya mencionados eventos (La tormenta perfecta), mi forma de pensar a este respecto y a muchos otros varió notablemente, en este caso hasta las conclusiones anteriormente referidas. Por tanto ¿se puede decir que trato a las mujeres cómo objetos? Puede que no –no hago lo que hago con ellas con ningún otro de los objetos que tengo por casa- o puede que sí, pero en ningún modo más o de forma diferente a la que ellas tienen de tratarme a mí. Corríjanme aquí también si me equivoco, no será difícil encontrar quién lo haga pues creo que la inmensa mayoría de mis lectoras son mujeres.

Por lo demás la clave está en mostrarse fiel, eficiente y discreto. Siendo la eficiencia siempre la clave, a cualquier tipo eficiente le perdonarían la falta de fidelidad o discreción, pero a los fieles y discretos nunca les perdonan la falta de eficiencia. Y sobre esto no voy a dar consejos, aquí que cada uno se las apañe cómo pueda –ósea mal, generalmente. De nuevo sin críticas por lo del río revuelto-.

Y lo que puede resultar más alevoso es que no creo que nada de esto me convierta en un monstruo, y es que sigo considerándome un romántico. Sigo creyendo en el amor, a lo que he renunciado es a encontrarlo en un bar aunque siga disfrutando de la noche. Me encanta salir, tomarme algo y probar suerte, soy un gran jugador en este sentido y no me va nada mal, muchísimo mejor desde que aplico esta teoría y desde que subí más de diez kilos, pero sigo sin dejar de buscar algo más. La última y única vez hasta la fecha la conocí en un bar, pero no me sentí verdaderamente distinto hasta que un día paseando con ella a media tarde, una paloma me dejó un tibio regalo en medio de la cabeza arrancándole a ella una risa perfecta de villano de factoría Disney, en adelante la sensación sólo fue a mejor hasta que dejó de hacerlo.

En ocasiones sí que me siento un monstruo hablando de estas cosas sabiendo que ella lo va a leer, creedme que lo hago, pero si ella ha estado sola hasta la fecha yo soy Pepito Perdiguero, gloria española. Y en mi descargo admito que nunca quise que las cosas fuesen por este camino, que no la obligo a mirar y que seguir reconociéndola cómo la única está algo más allá del cariño. Siendo haber sufrido otra de las razones por las que nos tratamos tan poco o tan mal, sin género y entendiendo que unos a otros sin más, porque a todos nos han hecho daño y muchos también lo hemos hecho, por eso no creo que nadie busque ya nada más de lo que surja.

 

PEDAZOS DE HOMBRES ROTOS

Hace tiempo conocí a un tipo interesante, de esta gente que salta a lo lejos que es buena persona y que además parece cabal e inteligente, salao.  Pero quietos todos, no voy a salir del armario, sólo a introducir el argumento. El caso es que este chaval, cómo no le comenté nada de esto llamémosle tipo de incógnito,  tan inteligente y responsable para sus cosas por lo visto las paso canutas a cargo de una chica de sonrisa profident y un final de espalda de escándalo.

Desde aquí y para ella: “tú te lo pierdes, princesa” Y desde aquí para los demás parto una lanza a favor de tipo de incógnito. Aprovechando además para terminar de responder al comentario de Any del otro día, afirmación en alusión al modo en que el sexo varonil parecía no sufrir en las rupturas, aquí bueno y con perdón, una mierda, un palé de mierda (por eso ya te di las gracias).

Aclaro, los machos camachos y Camachos nos venimos abajo con la facilidad de un castillo de naipes pero con la contundencia de uno de piedra maciza y tejado de pizarra. Según casos claro, pero quede claro que no es tan extraño y eso es algo que la gente no entiende.

Y es que cuando la chica que presentaste a tus padres, la que dabas por sentado que terminaría queriéndote tanto como tú a ella, la chica a la que de hecho dabas por sentado sin más, llega y te planta una rotunda patada en el culo huesudo y confiado se plantean cuestiones. ¿Por qué me siento una mierda? ¿Parezco un mierda? Porque desde luego ese tipo con el que anda es un mierda. Si la quería ¿por qué me dejó? Si no me quería ¿por qué estaba conmigo? ¿Cuánto tiempo llevaba planeándolo? Seguro que el otro es más rico y la tiene más larga. ¿Por qué no me llama? ¿Por qué no me contesta? ¿Cómo puede amenazar con denunciarme?

Con el tiempo la cuestión completa termina por volverse un ápice menos patética y comienza la recuperación, la asimilación del rechazo. Te vas dando cuenta, a lo largo de la peor resaca de tu vida, de tus muchas meteduras de pata, de cómo lo fuiste mandando todo al carajo por mil motivos diferentes sin siquiera darte cuenta, exceso de confianza, falta de paciencia, desconsideración, orgullo, prepotencia… y al final, para abreviar, te dices que ella es una zorra y que estás mejor sin ella.

Cada uno se saca la cabeza del culo con su propio estilo. Tipo de incógnito, resultando un romántico empedernido, se buscó a otra chica preciosa y se volvió a enamorar hasta las cachas. Ahora pasean por ahí cogidos de la mano, toman cafés en terrazas y en unos meses empezarán las rondas a los centros comerciales, c´est l´amour. Yo mismo había intentado algo parecido en su momento, pero tal vez fuese demasiado pronto o demasiado poco mi estilo, lo cierto es que me entró claustrofobia y lo eché todo por tierra sin darme demasiada cuenta. Todavía hoy lo siento por ella.

Me quedo con que mi experiencia personal en este sentido me dicta que, tratar de llenar una carencia emocional creada por un sujeto externo a base de empeño y decisión te hace sentir muy cómo debe sentirse el sujeto pasivo en un fisting, de todo menos cómodo.  Asíque me dediqué a lo que se me da mejor, a lo que había hecho siempre antes, lamentablemente sin importar quién estuviese delante.

¿Pajas mentales post ruptura? Múltiples. Y no sólo el típico sms de “verás, estuve pensando…” Empecé con el full conctact, un blog, dietas, cambios de vestuario, principio de alcoholismo, principio de ninfomanía, principio de onanismo y la secta no cayó porque tampoco tuve hueco para las drogas de diseño. Y quién sabe qué habría pasado si en lugar de por el blog me hubiese dado por mudarme a California, tal vez a estas alturas ya sería el power ranger verde.

Mi punto es, pasar por algo así es normal, tan normal cómo hacer el indio –apache, cheroqui y mohicano- mientras lo pasas. Cómo normal es no entender a cuento de qué viene tanto cuento cuando no has pasado por algo así, o cómo normal es criticar aquello que no se entiende.  Pero aquí hay otra cosa normal en estos casos, es normal que tras algo así madures, espabiles y termines siendo mejor persona o puede que una mucho peor, según casos, aunque espero que ninguno de los referidos.

Pienso en cómo era yo antes y en cómo soy ahora, y me gusto más ahora. Puede que sea por cómo todo se va encarrilando, por el fin de semana de Rodríguez, por la temporada genial que llevo o la que me espera y aunque no me animaría ni por todo el oro del mundo a repetir, todo este asunto ha terminado por hacerme más despierto, más fuerte y mejor. Igual que a tipo de incógnito.

Claro que sigo con mis taras. Un tanto estancado en lo personal quizá algo perdido en un mar de noches extrañas.

-Me encanta cómo escribes –me mira con sus ojos (azules, verdes, negros o castaños) brillantes y una cerveza mahou en la mano.

-Me encanta que te encante –Y no miento, que me halaguen la pluma me sigue rindiendo más que un dispensador de caramelos PEZ llenito de viagras- ¿por el blog no?

-Si, pero ya sé lo de la novela –baja sus ojos de color (azul, verde, negro o castaño) haciéndome saber que no la ha leído y que no piensa hacerlo- a veces yo también escribo, pero…

-Lo sé –no preguntó si es miedo, realismo o vergüenza- es difícil.

-Algún día cuando tenga tiempo me pondré.

-Seguro, ¿ahora a que te dedicas?

-Soy bancaria (administrativa, auxiliar, fisio, cajera, dependienta, hago un curso, estoy en la uni, master, escuela de idiomas, psicóloga, enfermera, residente, camarera, modelo, cantante, secretaria, alquimista, tragasables, astronauta, etc.) pero sólo de momento, ya sabes, para ir tirando.

-Sí, qué me vas a contar a mí de cómo está la cosa –los dos dejamos correr la mentira y justo entonces el órdago- pero seguro que con esos ojos puedes ser lo que quieras.

Eventualmente y al poco de salir de allí la ropa se nos cae al suelo y empiezo a recorrer la habitación con ella, horizontal, vertical o diagonalmente pero siempre a pequeños empujones, centímetro a centímetro y entre el clamor de húmedos aplausos. Tras un rato nos abrazamos, jugamos a querernos, me dice lo genial que soy y yo replico diciéndole lo increíble que es ella, me dice que esta segura de que me convertiré en un escritor famoso, volviendo el efecto viagra los empujones y los aplausos, al filo del amanecer se va y duermo cómo hacía años que no hacía. La sonrisa de idiota se me queda una semana y trato de buscar la manera de repetir. ¿Me gusta esta vida? Joder, me encanta, lo que me mata es no saber cuando volveré a verla.

BUENA GENTE

Sales a la calle y te lo encuentras a bocajarro, rebotado de un cajero a otro cómo Bud Spencer en el anuncio de Bancaja, buscando cuartos desesperadamente. Y yo no sé vosotros, pero cuando mis amigos buscan cajeros los sábados a las dos de la mañana suele ser porque se está liando parda. Cuando además se trata de Magín la cosa debe ser especial, charlamos lo justo sólo para ver que vamos más o menos igual de cocidos, buscamos en dos cajeros más y vuelta de bares.

Lo de Magín además tiene un encanto especial, compañero de piso en mi año de novato universitario lo suyo tiene tela, fan de glamour to kill es un tío con un encanto matemático, en partes proporcionales de comedia y buen humor es un hombre al que no recuerdo haber visto nunca de mala leche. Voy a callarme la boca porque el jodido tiene unos cortos de ficción que no me gustaría ver en youtube y porque además de un tiempo a esta parte se está poniendo braco, sin duda el próximo Chus Casera, si no me crees pide más señas en la cabina de diyei del güestia.

Con el tiempo se aprende que si está Magín esta Marcos Pérez, y si esta Marcos se habla de Rubén y de Iván Pérez. De Rubén mucha pregunta sobre el blog y de musculación, de este sábado también salió la idea de irnos de séquito con él al próximo mundial de Las Vegas, con Iván por el contrario el tema suele ser más nostálgico, batallitas de hace mucho y mucho anecdotario. Hasta aquí puedo leer. Iván, te echamos mucho de menos, Madrid no te merece.

Quizá todo hubiese sido diferente o más tranquilo si a estos cabrones no les hubiese dado por el vudú, que desde luego ya no estamos en edades de emborracharnos con Absenta (anises desechos en alcohol de quemar con un golpe de Listerine para darle color). Pero en gran parte aquí es dónde se empieza a torcer todo, sobretodo nosotros.

Me voy a buscar a Campa al que recuerdo que dejé atrás, el gran Campa, de los Campa de toda la vida, pelazo mezcla de los primeros Beatles y el afro-Valderrama, camisa de leñador justificada (sino la lleva él que es maderista no se yo quién coño la va a llevar) y mucho cuento. Uno de los tipos más sociales que te puedas encontrar, creo que nunca nadie me ha hablado mal de él, quizá sólo cuando llega retrasado unos tres cuartos de hora… de media. La noche está floja, a Campa le falta Ochoa convirtiéndole en un gin sin el tonic. Y es que en el Chema´s falta gente, casi todos menos Chema, que atiende la barra, pone música, hace de animador sociocultural y sale a echar pitos todo sin forzar, que si le apuras entre medias todavía te hace a macramé un visillo con la letra completa del himno del Barsa.

En semejante vacío a mí me falta Gravas, fumador social y fuente de información útil. El cabrón lleva una temporada eremítica, no se le ve el pelo y todo lo que sabemos de él es por oídas. Que sigue encadenando pausadamente cada pito con el siguiente, que tiene un par de negocios nuevos entre manos y que mas o menos todo le va cómo siempre. A ver si le vuelve a dar por salir, aunque el cabrón me haya jodido el McDonald´s para lo que me resta de vida.

Imaginaros, apoyo la bandeja con nuestros pedidos en la mesa, ambos nos repartimos su contenido y nos ponemos a engullir. Me descojono cuando le puede el ímpetu y se empapiza con media docena de nuggets en la boca, me mira sin dejar de intentar tragar y me apunta con medio nugget chorreante de salsa barbacoa. ¿Ves esto? –Me dice con la boca llena- Pues son todo crestas y patas.

Ahora no puedo pedir un Big Mac sin partirme el culo. Tampoco me mata porque siempre he preferido las hamburgochas de L´ablugo, una cae religiosamente cada vez que Jano y yo coincidimos por la villa, estoy esperando a que me venga hablando en vasco para retirarle la palabra, y otra los domingos si ando por allí para cenar en familia. Además, este año si voy por la capi prefiero antes pasar por el Lúpulo a cenar algo con Mikel que hartarme de comida basura, ahora que ya no me parte la cara todas las semanas es diferente, no distinto, sólo diferente.

Los viajes a Oviedo eso sí cada vez son  más estresantes, cada vez tengo más gente a la que ver y menos tiempo para pasar con ellos, para el próximo tengo prometidas visitas a Desdelaluna y a Elisa, a Katia, a Gemma… Y a toda la gente del gimnasio, Rubén, José, Chus, Miriam, María, Diego, Christian,  Juan…y a Berto, bueno, en general a todos, pero a Berto más que de visitarle tengo ganas de verle, que hace bastante que no la liamos a gusto por ahí e igual este finde va tocando. Además tengo ganas de estrenarles el piso a él y a Sandra, y de ver a Dani, Ana, Iago(que espero haya recuperado el habla y no haya perdido su miembro equino)…

A no mucho tardar tengo también que rascarme la cartera y meter un par de viajes, el primero en coche hasta Bilbao para gorronear a Jano y Acebo y de paso conocer aquello y otro a Berlín, a darle la vara a aquitepillo porque ya va siendo hora. Este último igual lo aprovecho para pasarme otra vez por Madrid para ver a Iván, a Víctor Campa, a Chus y a David.

Sobretodo al cabrón de David, para meterle prisa para que termine la carrera, que ya tengo ganas de ponerme a buscarle novia otra vez, de convertirle en la antorcha humana, de verle beber hasta balancearse, de llevarle a bailar con las polvorillas, de ir a fartarnos juntos hasta que duela, de descojonarme con su anecdotario escatológico… David,  por lo que más quieras, vente de una puta vez.

Y con todo lo mejor de este artículo es la inmensa cantidad de gente que no he podido incluir, mucha y muy buena y quizá lo peor sea que aunque por fin he conseguido que el blog pase de cien visitas diarias, no consigo que comenteis. ¡Vagos! ¡Rojos! ¡Pelgares!

Para Magín, su favorita:

DON´T FEED THE TROLL

Naturalmente no hablamos de un troll al uso, es muy bajita y otra de mis ex insiste en que tiene cara de estreñida, pero vamos, todo parecido mera coincidencia. En cualquier caso Bellatrix ya me lo advirtió y yo no le hice caso.

Expondré el caso brevemente, tengo unas dos docenas de exes rolletes aparte, con algunas me llevo de lujo, con otras cómo si no existiésemos y sólo un par me asesinarían si se les presentase la ocasión, quiero decir que seguramente no me tirasen por la borda pero seguro que de caerme no me arrojarían un salvavidas. Pero hoy y cómo siempre en este blog me refiero a La tormenta perfecta.

La única capaz de hacerme sentir mal y molestarme a siete niveles diferentes, naturalmente la única mujer de la que he estado enamorado, no lo negaré nunca, que también es la misma que me ha enseñado hasta dónde llega el camino de la amargura. En nuestro particular e intransferible Libro de los Agravios se suceden las páginas, las notas a pie y las anotaciones en los márgenes, personalmente recuerdo las maravillosas tardes de verano a su lado y las puñaladas traperas que cayeron después. Principalmente ella me dejó por sms, poco después yo tuve el mal gusto de besarme con otra chica delante de ella, endulzándolo además con otro horrible sms y un portento de comentario en el Facebook. En mi descargo reconozco  que ya me disculpé, ya me arrepentí y además decir que estaba enfadadísimo y que lo de la otra chica no fue a propósito ni premeditado, simplemente me la encontré allí y en ese momento me pareció buena idea.

En cualquier caso todos podéis contar y estar convencidos de que hubo suficiente por ambas partes cómo para no querer volver a hablarnos en la vida. Situación que tal vez se hubiese dado de no haber mediado La caricatura de Dorian Gray. De nuevo, Bellatrix me lo advirtió y yo no le hice caso, exes y blogs casan de puta pena.

Personalmente me quedé ojiplático el día que descubrí que ella seguía el blog, siempre mediante el contador de visitas y estadísticas de la plataforma wordpress, después de todo era ella la que finalmente me había retirado la palabra y encontré un poco contradictorio su interés. No obstante y cómo soy un bien pensado, al menos en su caso siempre lo he sido, creí que se trataba de un saludable interés por mi persona más allá de nuestra mutua enajenación mental. Ella siempre fue exageradamente tímida dándole vergüenza hasta pasear por la calle cogidos de la mano, por eso me callé la boca, pero con todo esto pensé que habiendo cariño terminaríamos al menos hablándonos otra vez. Craso error.

Estando al tanto de sus visitas y suponiendo un reducto de cariño, la siguiente vez que la vi me acerque a hablarle en un bar, ella se negó, un par de gilipollas quisieron mediar en aquel jardín y me consta que de haber podido y puede que de haberse atrevido me hubiesen caído unas hostias. Ahora bien, no hubo huevos. Porque poder podían haberlo intentado por lo menos. De esa noche: La fría fabula de la eriza

Aquella noche me fui a la cama echando humo por las orejas, Charlotte se estuvo consolándome hasta las seis de la mañana por algo que yo no entendía y lo peor, al día siguiente, enciendo el ordenador sólo para ver otra docena de visitas suyas al blog. De todo esto va a hacer un año y entenderéis que esté un poco harto del tema. Sobre todo cuando me hubiese encantado hacer las cosas de cualquier otra manera.

El cruce de puñaladas siguió una temporada, finalmente le solté que estaba al tanto de sus visitas al blog (era la única persona que entraba en él desde Hotmail, de ahí que la reconociese (además entrar tres veces al día en un blog que de aquella tendría unas quince vistas diarias pues cantaba mucho)). Ella me insultó, realmente me puso a parir, a mi y al blog de hecho. Bastante cómo para no volver a hablarnos otra vez, otra más, pero no suficiente como para dejar de entrar.

Ahora por Google, repito que el blog de aquella lo debían leer tres personas, muy pocas cómo para no reconocer otras dos o tres visitas diarias desde resultados tan originales cómo: caricatura dorian gray, dorian gray caricatura, caricatura de dorian gray, de dorian gray caricatura o la caricatura de dorian gray. ¿Qué cómo sé que era ella? Bueno, pues me enteré cuando a medida de irla acusando de usar tal o cual resultado este iba mutando, ella seguía entrando y lo que es peor, yo seguía vigilando. Los números de 2010

La danza enferma empeoró con la novela, que me consta que se habrá leído de principio a fin me temo que un par de veces cómo mínimo y ojo, que lo que me resulta mas sangrante de todo este asunto no es que la haya leído (que me parece todo un halago), sino que no me quiera decir lo que le parece. Porque a pesar de todo esto y del tiempo que ha pasado seguimos sin hablarnos. Me vigila cómo un halcón aquí (más de 500 visitas en un año), en gravatar y en Twitter, pero no me habla. A todo esto me pregunto que pensará su chico de este asunto, porque no me engaño, ella nunca ha sabido estar sola.

Y de lo que si estoy seguro es de que ya estoy mayor para esto y por eso me voy marcando plazos, hoy para terminar con esto y la publicación de la novela cómo límite para no volver a hablarle en la vida, así me apuñale con un tenedor en la rotula.

Sin duda que ella anotará esto en su parte del Libro de los Agravios, otra puñalada del cafre este, y pensaréis que podría haberle mandado un mail para esto, pero ahí os digo que a eso no responde y que justo eso lo tengo anotado yo en mi parte del mismo libro. Pareceremos de Teruel. Yo lo único que quiero es parecer normal o que me dejen en paz, que no creo que sea tanto pedir. …sobre mí…

HABLA TRUCHO QUE NO TE ESCUCHO

Aquí va una pequeña reflexión.

¿Alguna vez os han dado tanto la chapa que se os ha ido la cabeza lejos, muy lejos? El tiempo pasa y no recuerdas la última vez que pronunciaste palabra en aquella conversación, asientes de modo automático y mientras divagas la cortina verde brillante de caracteres de Matrix cae en cascada cubriéndolo todo con su velo. Siempre supimos que el pequeño Neo era el elegido. Más allá de lo real y lo ficticio no distingues que está realmente ahí y qué es una proyección artificial en tu cerebro. No hay cuchara, cagonrós, ¡sentóme mal la pastilla roja!

¡Huy! ¿Y esta rallada? De repente vuelves en ti sólo para ver cómo el hombre ante ti sigue hablando, ajeno o indiferente, a tu proyección astral en curso. De lo que se pueden extraer dos opciones inequívocas, que realmente nuestro interlocutor no nos presta atención o que bien no le importa un pijo lo que nos pase por la cabeza. Seguirá y sigue hablando, de política, mujeres o fútbol, el tono es el mismo y la retórica no varía, preguntas y respuestas ensayadas en el discurrir de un desarrollo interminable.

No suele ser hasta después de escapar que te preguntas por qué aguantaste todo ese rollo. A este respecto el otro día caí en la cuenta de algo, realmente si que resultó que era necesario en aquella conversación, no se me requería para hablar por supuesto, pero mi ausencia hubiese dado con mi pobre interlocutor declamando ante una pared de ladrillo. Y es que una cosa es dar la chapa hasta abrasar a personas reales y, otra muy distinta, inventarse personas a las que darles la vara.

Sigamos tirando del hilo y ahora del refranero español. Que los hay que ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio. ¿Y ahora qué? Pues que cómo la mayoría de vosotros soy un bebedor social ¿Y qué? Pues que seguramente y aunque no lo creáis, estoy convencido de que borracho puedo llegar a ser un tanto cargante y que, aunque os cueste creerlo, seguramente vosotros también. Tengo aguantadas turras y turreros de toda edad, género y condición, colectivos estos que también aguantaron monólogos etílicos míos en más de una ocasión.

No va con el punto que busco explicar en este momento pero os lo voy a contar igual, apenas hará un mes si lo hace, que en medio de un bar a las mil de la mañana me encontraba obnubilando a una oyente a golpe de prosa, cuando en estas pillé a una de sus amigas haciéndole gestos que ofrecían descaradamente auxilio. Aquello me ofendió terriblemente en ese momento, me sentí profundamente insultado, terminé mojando y se me pasó el enfado, pero el caso es que al día siguiente y en retrospectiva, realmente si que resultó que le estaba dando una murga horrorosa a aquella chica que, aún así, estuvo conmigo. Me sentí halagado un instante y bastante gocho el resto de la tarde, las mujeres amigos, también van a lo que van.

Habré aguantado tres docenas de sermones no solicitados en pago por aquel, con esto quiero decir que no creo que sea tan pesado cómo para ahuyentar a nadie, pero claro ¿Quién reconocería serlo? Mis últimos tres desparrames verbales me parece que cayeron este sábado, los tres eso sí sobre mi tema favorito: yo. El primero creo que sobre el nuevo blog (http://tuentrenadorpersonal.wordpress.com/ ) convenciendo a un pre-convencido voluntario para la sección de seguimiento de entrenamientos (antes y después), sobre cómo y cuánto le vamos a cambiar el cuerpo y la vida y tal y cual, el segundo sobre la novela.

Otra vez gente, tenéis los dieciséis primeros capítulos en una página de este mismo blog (Turnedo, bajo la imagen de cabecera), sobre esto decir que se puede leer. Yo mismo he leído novelas muchísimo peores incluyendo la que tengo ahora mismo en la mesita y también que os animo con los comentarios y las correcciones. Ahora bien, en referencia a la conversación del sábado, no sacaré más capítulos en abierto salvo fracaso estrepitoso, los otros ocho me los guardo en espera de la publicación. Me falta poco, estoy buscando a alguien de fiar para que me haga las correcciones y quizá repase un par de cosas, Hasta aquí bien, lo que sobró después fue el desvarío acerca de lo sacrificado de la literatura, sobre cómo un día escribes unas buenas páginas y te ves ganando el Nobel o cómo cuando un día no firmas nada destacable y te sientes cómo la última mierda que cagó Pilatos. Me gustó el resoplido de Campa mediante el que demostró su disgusto ante la perspectiva de gastarse veintitantos euros en la susodicha novela. Nota mental, apartar un ejemplar de la primera edición para él.

La última murga que dí no fue esta vez con palabras. Llegaba a casa con los ecos de la penúltima en la cabeza, el tema de las dichosas correcciones y de la persona a la que me gustaría pedírselas. Serie de factores que desembocó en una nota de borracho muda de claras intenciones, espera, sueño y arrepentimiento.

Despierto y el hombre frente a mí todavía no ha terminado de hablar, yo he sacado una buena idea para un post y mejor lo dejo ya. Que menuda chapa os estoy dando.