EL SENTIDO DE LA VIDA

Es aquello por lo que nunca te preguntas cuando eres feliz.

El resto del tiempo, cuando trona el despertador, rugiente bastardo al filo del amanecer, rompiendo en jirones los últimos sueños de la noche, trayéndote el frío de la mañana, la luz cegadora y la calamidad humana, mientras plantando tus pies desnudos en el parquet, en las gélidas baldosas del baño, la vista borrosa por las legañas y el cuerpo desde la última célula muerta hasta el tuétano del hueso más pequeño clamando por cinco minutos más, cinco minutos más de colchón de cama y de manta, de descansar y de soñar, cinco minutos más antes de partir a surcar el mar, ese mar de asfalto y hormigón, ese mar de tráfico aceras y mierda de perro, ese mar de gente sentida, ese mar de vida sinsentido, no puedes sino preguntarte qué ha sido de tus sueños.

Y sin embargo cuando te veía encadenada al cabecero de mi cama no me preguntaba nada. Claro que tampoco me importaba, ni el frío ni la mañana ni dejar de soñar, ni despertar ni moverme ni trabajar, energía cinética, movimiento perpetuo, sin rumbo, sin miedo, ni rastro ni pistas de la paranoia existencial, de la soledad, de la búsqueda de El Dorado, la fuente de la eterna juventud ni del sentido de la vida. No hay búsqueda que valga dónde no hay más expectativas.

Pero después de un tiempo, cuando ya no queda nada, cuando lo que había se ha evaporado como humo de cigarro en la brisa de la mañana, cuando hay silencio y ni rastro de las risas, de las tuyas, de las mías, cuando tras largas tardes y bochornos de día te quedas en casa, medio bajada la persiana, un par de lámparas dando luz tibia, el mundo afuera y la vista pegada a la pantalla del ordenador, tan azul, tan fría, es imposible no caer en las preguntas, en las trampas de la depresión, evitando sólo con determinación el autoengaño y la mentira, para silenciosamente tratar de averiguar qué ha sido de tu vida.

Y cuando a la mañana siguiente el sinsentido se vuelve realidad, material y tangible, etéreo y omnipresente, sobre bajo con y contra nosotros formando paredes invisibles de despertadores, de sueño, de insomnio, de dietas, de miedo a pensar, de humo, comida sana y telebasura, angustia, colesterol, benceno, de satanases en los videoclips y cristos en los altares, con la rutina, el vacío y la mierda existencial no es de extrañar que me pregunte por la última vez que todo esto me dejó de importar, huyendo del aburrimiento y la soledad inspiradora del suicidio sólo cabe recordar a la musa prohibida, inspiradora de ambición y duchas frías.

Basura filosófica, hipocondría psicológica, la vida no tiene más sentido que el que le quieras dar. A mi humilde parecer, que has de tener muy en cuenta para que todo valga la pena, el único sentido de esta vida es tu piel contra la mía.

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