Y LLEGÓ EL VACÍO

Y tras un tiempo llegó el vacío. Y en verdad hacía un tiempo que lo temía.

No sé si se debe a la autoimpuesta limitación de papel, obligándome a cerrar el blog tras unas cuantas entradas más, no sé si será por el exceso de trabajo, esa enormidad de horas yendo y viniendo permanentemente de un sitio a otro, la imposibilidad de conectarme a Internet por periodos prolongados, el calor del verano o la influencia negativa que ejerce sobre mí la luna durante el menguante de agosto. Pero lo cierto es que por más que piense en ello no se me ocurre nada bueno sobre lo que escribir.

Al menos una vez pasada la enésima despedida, un nuevo popurrí de series, otra descripción de un sueño extraño y otro habitual -por reiteración- artículo descriptivo de la letanía del abandono de los últimos dos años. Esos fueron los comodines y ahora nada,  seco, seco cómo los campos en este verano que todavía no llega y en el que ya ha empezado a caer la hoja de los árboles.

Pero no estoy tan desesperado cómo para hablar del tiempo aunque si alguien cree que la ausencia estival está conectada con su perenne mal estado de ánimo podemos formar un club. También llevo unos días molesto con la permanente retahíla de comentarios incendiarios que surcan las redes sociales, contra el papa y la iglesia generalmente por parte de gente joven autodefinida como de izquierdas. Veréis, yo no soy un tío religioso, no voy a misa a menos que sea estrictamente necesario y si lo hago no voy por la salvación del alma eterna del difunto, lo hago por prestar apoyo con mi presencia a la familia del finado. Además cómo licenciado en historia estoy mucho más al tanto de los desmanes, corrupción y atrocidades cometidas por hombres de la fe a lo largo de los siglos que muchos de los que ahora les critican, no obstante y sin necesidad de presumir nuevamente de título os diré lo siguiente, la estupidez ha acarreado a lo largo de la historia muchísima más corrupción, atrocidades y desmanes que la que es santa casa para estos señores católicos.

Al margen de la necesidad o no de una iglesia cómo la católica, al margen de la acción social de caritas o de los propios religiosos y al margen de su labor cómo guardianes y conservadores de innumerable patrimonio, al margen de todo esto y de lo demás, yo no me meto con ellos porque no veo la necesidad de criticar a una persona por sus creencias, sea católica, musulmana, ciencióloga u ornitorrincóloga, crea en Budha, Jesucristo o en los osos Gummy, porque no me meto con nadie que no se meta conmigo o que no cause mal premeditado u inconsciente a la totalidad de la sociedad o partes aisladas de ella.

Si hay atascos, trabajo extra en urgencias o la necesidad de recoger un poco más de basura a mí me vale. Porque basta con echar números para saber que los niños y niñas del polo y el to tus tus, se van a dejar un pastón allí por dónde pasan, basta con echar cuentas para sacar en claro que esta visita papal nos va a dejar varias decenas (sino más) de millones en beneficios. Luego justificamos todo por la crisis, aceptamos sin demasiado ruido una falta de trabajo y oportunidades sin precedentes, pero nos llenamos la boca criticando la lluvia del maná católica caída estos días por toda España. ¿En serio qué creen que va a pasar si consiguen las olimpiadas? Ojala se escuche a los progres mandrileños y el próximo encuentro con el papa se haga en Cangas del Narcea oiga, igual así pagábamos el pufo del ayuntamiento…

Otro buen argumento sería decir que no veo a los jóvenes cristianos quejándose de la abundancia de progres trasnochados por las redes sociales. Pero bueno, que los zombies del Papa se entiendan con los zombies del Público-La sexta y a mí que me dejen en paz.

Pero tampoco quiero hablar de esto más allá de lo presente, siento alergia por los opinólogos en general y por los deportivos en particular. Los medios están tan corruptos cómo aquellos que les gestionan  las subvenciones y desde el articulista más modesto hasta el redactor más reputado son parte del problema, nunca de la solución. Criticar a unos chavales que vienen a dejarse la bolsa y la vida a España a cambio de un par de misas y no criticar a quién deja un saldo de cinco millones y pico de parados no es vergonzoso, solo puede ser o estúpido o abiertamente malvado. Y prestar oídos a estas estupideces es aún más estúpido, y más de mi parte.

Pero si que es algo, es fácil, prácticamente cualquiera tiene una opinión sobre todo, basta con adornarla un poco, dorar bien la píldora y buscar una plataforma afín dónde verterla, con tiempo y el mínimo esfuerzo de lanzar un par de artículos al día la reputación terminaría llegando, de santo para unos y de demonio para otros, pero llegaría pronto, bien pagada y sin necesidad de pensar.  ¡Dios! si los tontos volasen no veríamos el sol.

No, no voy a hablar de estas cosas, no quiero. Entiendo que los ánimos estén encendidos con esto, pero también sé que la semana que viene lo estarán con otra cosa y a la siguiente con otra, la anterior se cuestionaba a los mercados y a las agencias de rating (se que son malas, pero políticos, bancos y sindicatos no son mejores), esta al Papa, la próxima la huelga del fútbol y la siguiente será otra puta mierda por el estilo. Y yo no seré participe de eso, me centraré en escribir mis novelas, en escribir sobre mujeres que no me importan y sobre la mujer que ha sido mi tormento y duda durante todo este tiempo, porque aunque así no me gane la vida sobre esto si que vale la pena escribir.

No escribo sobre el entrenamiento porque esos artículos no los leía casi nadie, no escribo sobre cine porque hace siglos que no veo una película buena, no escribo más artículos cómo los más leídos porque válgame el cielo –luego dicen que el obseso soy yo-, no escribo sobre quién quiero escribir para no ser cansino y luego escribo sobre ella para no sentirme culpable, no encuentro nuevas musas y por eso cada día me aburre un poco más. No recuerdo su cara, Dios, no la recuerdo para nada. Y sí, tengo dos nuevas novelas completas y desarrolladas prácticamente en su totalidad dándome vueltas en la cabeza, temo perderlas poco a poco, a medida que el tiempo en barbecho les vaya arrancando pedazos, pero me falta esa motivación vital necesaria para sentarme y escribir, me falta quién me lea. Quién me lea a mí y no lo que escribo, y acabo de descubrir que eso es más difícil de encontrar de lo que imagináis.

Pero restringiendo tanto la inspiración se seca y esta semana no he tenido tiempo para la novela, las chicas que he conocido no me dicen nada y ella cada vez me dice menos… nunca he estado tan cerca del vacío cómo lo estoy ahora y no lo vi venir.

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