FELICIDAD Y EUFORIA

Es la enfermedad germinada en nuestro interior, el frío pegado a nuestros huesos diciéndonos siempre que algo no va bien, que no es lo suficientemente bueno y que podría ser mejor. Es la rabieta de caprichoso niño pequeño, el siempre querer más sin saber por qué. Es una crueldad y es un castigo, el no conformarse con lo que uno tiene y la razón de que a pesar de estar bien no es suficiente.

Y pasa en el fútbol, no nos basta con ver a nuestro equipo en primera, ni en la champions, lo queremos jugando tan bien como el mejor Barça y ganando todos los partidos por goleada; así cómo pasa en la vida, no nos basta con estar bien, querríamos una paga vitalicia como la del nescafé para vivir sin trabajar y además ser admirados y respetados por ello.

Vamos, no puedo ser el único al que le pase esto. No puedo ser el único que está así de podrido por dentro. ¿No va el club de la lucha sobre esto? Nos hicieron creer que seriamos estrellas de rock y eso nos cabrea. Al menos a mí me cabrea, ni siquiera pedía tanto, me servía un estrellato como el de Bryan Molko, nunca hubiese pretendido acercarme a la estela de los Jagger, Cobain o Tyler.

Pero de todos modos convendréis conmigo en que resulta cuando menos molesto amoldarse a cualquier trabajo mal pagado ante semejantes y desbordantes expectativas, las expectativas de todos, porque no iréis a decirme que todos los niños sueñan con ser auxiliares administrativos, bancarios o peones de albañil. Ahora supongamos otro supuesto, que no es más difícil que rizar el rizo, supongamos que esquivas el trabajo rompe-espaldas y quiebra-espíritus, supongamos que terminas en cualquier rinconcito agradable, con sitio para ser y para crecer, rodeado de buenos amigos y gente agradable con quién pasar los ratos libres, con cierta y relativa independencia económica y una calidad de vida suficiente para alcanzar lo que cualquier ser humano normal llamaría estar bien. ¿Es eso suficiente?

De ninguna manera. Pasa por ser suficiente para evitarte el trance de arrojarte del puente mas alto a tu alcance en un arrebato de incontenible depresión, pero por esto sólo una mínima minoría de gente muy afortunada llegaría a conformarse. Al resto, en este exceso de ambición o por esta crónica y mortal enfermedad de la que hablo esto nos traería por el camino de la amargura.

Y no –Oh Dios no-  no me refiero a la ausencia del grupo de Rock & Roll en el que servidor podría perpetrar algún arrítmico y brutalmente desagradable atentado. Hablo de la Sibyl Vane de todo Dorian Gray, de la sombra de gloria y triunfo que nos dé ese punto extra más allá de la simple felicidad, ese mismo que la vuelve real y perceptible, tangible. El instante de realización en el que te das cuenta de que estás de puta madre, liberador y relajante como una decena de orgasmos y más intenso que ningún gol de tu equipo.

Es la euforia. Clímax y perfección. Es la satisfacción del deseo y la desaparición de la ansiedad, es la gloria bendita. Es el éxtasis en el que te das cuenta de que antes eras feliz pero que te faltaba algo, algo que ahora tienes y que hace que ya nada parezca tan importante.

25, EN UNA HISTORIA DE AMOR

Y ya van veinticinco. Quizá lo propio sería dejarlo correr con elegancia, sin hacer ninguna mención especial al tema quitándome importancia. Pero para quitarme importancia ya está el resto del mundo y tampoco es que últimamente ande muy sobrado de temas para postear. No estoy viendo nuevas series, no he encontrado libros verdaderamente interesantes, sigo negándome a tocar el tema político, el deportivo u o el cinematográfico cómo el resto de patanes que quieren ser opinólogos profesionales y al final, entre escribir y trabajar, tampoco he tenido tiempo de perderme en las reflexiones habituales.

De todos modos ciento noventa y cuatro entradas y me quedan otras seis. Ya he escrito por adelantado la última y creo que –a excepción de aquellos a quién no les parezca una rayada impresionante- os gustará mucho. El próximo mes hará dos años desde que empecé con esta pequeña incursión literaria y este vigésimo quinto día de mi nombre parece un momento adecuado, o al menos tan bueno como cualquier otro, para echar la vista atrás y hacer inventario.

Licenciado y con empleo me encuentro mejor que nunca. Y no es que el empleo sea aquel con el que siempre he soñado, a decir verdad es una alternativa que nunca había considerado hasta que la oportunidad se cruzó en mi camino, pero lo cierto es que es un trabajo atractivo no tanto respecto al salario sino en cuanto a la oportunidad constante que presenta de crecer, de innovar, de lanzar nuevos proyectos desde cero y verlos crecer. Claro que tampoco es que el tema académico me parezca crucial, nunca lo ha hecho. ¿Tienes dos másteres, dos licenciaturas y un doctorado? ¿Hablas alemán y chino? Enhorabuena, tienes treinta y cinco y no has pegado un palo al agua en tu vida, además el manejo de otros idiomas solo indica que eres capaz de aburrir a más gente con la incontenible sarta de estupideces que viertes siempre nada más abrir la bocona. Ni el peor trabajo excusa la ignorancia ni el título más puntero exime de la estupidez.

Pero el tiempo pasa para todos y a medida que lo hace es inevitable ir asentándose respecto a ciertas ideas. Una fundamental y prácticamente olvidada es la del deber. Y digo lo de olvidada porque parece que nadie hable de ella últimamente cuando, en estos tiempos de crisis y de ruina, de pauperismo moral y político, nadie censura o humilla públicamente a aquellos que sin el más mínimo recato se dedican a hacer el imbécil. Todo porque los Fulanito es así o Menganita es de aquella manera, porque con los políticos ya se sabe o porque ye lo que hay. Veréis, con el tiempo me he dado cuenta de que básicamente todos somos niños grandes, queremos lo que queremos cuando lo queremos y de buena gana nos echaríamos al suelo a patalear cuando no lo conseguimos, pero el merito radica en la elección de no hacerlo. En mantenerse firme y hacer lo que debe hacerse, trabajando hasta caer rendido y esforzándonos para ser buenas personas. Y es que creo que todos nos pasamos la vida interpretando lo mejor que podemos el papel de la persona que creemos que debemos ser , así ninguno es un trabajador modelo, un padre ejemplar o un gran amigo del alma, sino que nos esforzamos en el trabajo, tratamos de ser grandes padres y de cuidar lo mejor que podemos de nuestra gente, no porque sea un gesto natural salido de la nada mágica y que surja sin esfuerzo, sino porque damos lo mejor y tratamos de cumplir lo mejor que podemos en nuestra vida. Eso es el deber y ser indulgente con los estúpidos, los vagos o los políticos no les ayuda a ellos pero sí que nos complica la vida a los demás.

Otra línea de pensamiento que ha terminado por materializarse definitivamente es la concepción que tengo sobre los demás, o siendo más preciso la concepción que creo que los demás tienen de mi y que en definitiva es la que me afecta. Nos pasamos el instituto creyéndonos las estrellas de la película, muchos se pasaran su vida creyéndolo y se morirán sin que nadie les saque de su error, la realidad es que la gente no dedica ni un segundo de su tiempo en pensar en nosotros. Pensarán en nosotros si les afectamos en algo o les interesamos para algo, pero de ahí a dedicar un pensamiento a nuestros sentimientos o a nuestra situación personal hay un trecho largo. Dedícale un segundo, ¿hace cuanto que no piensas en cómo se sentirá Fulanit@? Ni siquiera aquellos más cotillas prestan atención a los sujetos de sus chismorreos, únicamente se centran en la noticia y en el placer que les proporcionará contarla. Este principio es básico para mí y es clave a la hora de establecer mis prioridades.

Y entiendo que pueda parecer lúgubre o pesimista, una vida dedicada al cumplimiento del deber y básicamente anónima o carente de calado, pero creo que el mundo es así y vale más aceptarlo como viene que perder el tiempo tratando de hacerse un nombre o intentando ser apreciado por los demás. Además pensar así ayuda a sacarse la cabeza del culo un rato. Los nombres vienen y van y los constantes esfuerzos por tratar de ser querido solo garantizan que serás el primero al que llamen cuando necesiten alguna gilipollez. Pero pese a todo esto llevo unas semanas sonriendo como un gilipollas y sin poder dejar de hacerlo, supongo también que ya conoceréis sin mucha más ayuda el motivo, tal vez a algún solitario empedernido y sin suerte se le escape, pero baste decir que la única razón es la misma que da inicio a todas las grandes historias que merece la pena contar: una casualidad, una mujer y una mirada.

Ahora solo falta que los medicastros y matasanos de Oviedo me devuelvan al chiquillo y me consideraré feliz, pero aún así estoy seguro de que a mis veinticinco años estoy mejor que nunca, y si vosotros no tuvieseis algo que ver en ello tened por seguro que no ahora no estaría escribiendo esto. Muchas gracias a todos, por todo.

Y FUE A HABLAR DE PUTA “LA TACONES”

Llevo una temporada fuera de combate, pero sepa la basca que no he estao de más, que no he perdido el tiempo, que lo he gastado en salir, beber, el rollo de siempre… (Extremoduro, dixit) Ahora en serio, más o menos y al fin y al cabo esto no es cierto, no me hubiese importado, pero la verdad es que no. He estado currando y bastante absorbido por mis mierdas, he escrito si, pero no lo he publicado. Pero bueno, eso, que no he estao de más. Punto.

Y no es que este calor sahariano invite a pasarse una hora, o ninguna, sentado poniendo opiniones por escrito, pero por lo menos el tiempo así me pasa más rápido que contando uno a uno los diversos churretones de sudor que me van atravesando el polo.

Adjunto a esta última guarrada una reflexión, en efecto el masculino humano es un ser desagradable. Peludo, huele fuerte y pese a ocho mil años de avances en teoría y práctica higienista aún ahora le cuesta horrores pasar por un organismo aséptico. Si bien y pese a ello los más tratamos de hacer lo posible por no aturdir a los congéneres a golpe de aromazo sobaquil.

Que aún parece mentira que a estas alturas estemos hablando de gente a la que parece le cuesta fichar en la ducha cada mañana, que paseen entre dientes el pincho de tortilla de la mañana hasta media tarde o que exhiban entre otras perfectos yacimientos de antracita bajo las uñas. Lo peor es que esto es sólo la punta del titánico iceberg.

La gente joven cada vez se cuida más, hablo de dietas y rutinas de ejercicios, los nuevos jóvenes, absorbidos por la MTV (ahora sin música) viven bombardeados por unos patrones de imagen concretos, una sociedad cruel con los defectos y un montón de consejos útiles para alcanzar los primeros y sobretodo huir de los segundos.

La gente –jóvenes y menos jóvenes- también ha aprendido por fin que para estar guapo hay que sudar. Algunos descerebrados y vagos hasta el tuétano siguen prefiriendo pasar por quirófano o sentarse en una jeringuilla llena de Wistrol o Nandrolona, al más puro estilo Jersey Shore, claro que ahí ya estamos hablando de selección natural. Pero no es esto de lo que quiero hablar hoy, hoy quiero que se entienda que es una cuestión comúnmente aceptada el hecho de que vivimos, siendo perfectamente conscientes de ello, bajo unos patrones de imagen que marcan que el hombre debe ser un David Miguelangeliano de abdominales marcados y la mujer una vigilante de la playa en la playa,  una estrella de Hollywood en la alfombra roja hasta para ir a comprar papel higiénico y una modelo de lencería en pasarela para irse a dormir, todo sin dejar de oler a rosas y sin enseñar un pelo desde el tobillo hasta lo alto de la nuca.

¿O no? Y aquí os lo concedo por pleno derecho, haciéndole de paso un guiño a Ani y a sus acusaciones de machista, aquí, sobretodo aquí y de un modo particularmente sangrante reconozco que los tíos somos lo peor.

Y es que estoy harto, desagradado hasta la nausea en no pocas ocasiones, de escuchar ciertos comentarios zoquetiles sobre la apariencia de las mujeres. Así ciertos “colegas” u o compañeros puramente accidentales de género, ensucian el ambiente abriendo los contenedores que calzan por boca lanzando comentarios sobre el aspecto de las féminas al alcance o no de la vista.

Sin hablar por supuesto del Fulanita está buenísima no veas lo que le haría, si esto o aquello o lo de más allá. Hablo de estar rascándose los cojones a dos manos en alguna terraza, luciendo modelito de chándal puramente dominguero y sin duchar porque pa qué, abriendo la bocona pa rematar y decir que Menganita es una guarra porque el otro día en el gimnasio sudaba cómo una cerda. Y es que olé tus dos cojones Andrés.

Esto si es que fue uno que va al gimnasio para verla, porque lo más típico es que aquí estemos hablando de barriga cervecera, de barriga parrillera o ya directamente de barrigón de no verse la punta del pijo. De barba cerrada hasta el perineo o de pelo poya cerrado hasta la nuez. Vomitando sin cesar juicios de nulo valor objetivo criticando las pintas de tal o cual, sin siquiera ponerse colorado cuando esa misma mañana y a falta de muda limpia el sujeto terminó optando por voltear hacia fuera el lado marrón del calzoncillo.

Porque si, las tiene grandes, pero luego sin sujetador fijo que se le caen hasta el ombligo. Menudas manchas de sudor tenía esa el otro sábado cuando curró de camarera. Hable con Fulanita el otro día y le olía el aliento a fosa de purines. Menganita remangó la falda el otro día y vaya pelazos que tenía. Es que es maja pero tiene más pelo en los antebrazos que yo. El culo caído, los tobillos anchos, mucha pantorrilla, grasa debajo del brazo, piel de naranja, patas de gallo, celulitis, bigotillo, las cejas mal depiladas, unas pintas raras, poco maquillaje, o mucho, los dientes torcidos o el flequillo muy marcado… ahora vamos a ver, gañanes hijos de puta, ¿quién de vosotros se ha depilado el culo para que no se le quede medio zurullo pegado cada vez que pasa por caja? Porque me cago en todo lo cagable, panda de gordos de mierda, seguro que sois de esos que si se peden en la cama se tapan con las sábanas para captar mejor los matices, de los que se vestirían cómo payasos daltónicos de no ser por sus madres o novias y sobretodo del tipo típico de tío que no se para lo más mínimo a pensar antes de abrir la bocona,  soltando barbaridades sin ton ni son y dejándonos de paso a los demás a la altura del betún barato, hablo de vosotros, seres capaces de despreciar a una mujer por algún detalle mínimo sin reparar en que, aún dejándose por completo y sin hacer nada nunca más, totalmente en barbecho, esa misma mujer sería siempre algo más perfecto y bello que vosotros mismos aunque  a partir de mañana os pasaseis la vida en el gimnasio, pinchándoos de todo, gastando una fortuna en dietistas y en ropa hasta llegar a ocupar  las portadas de revistas. Porque queridos amigos: aunque la gocha se vista de seda, en gocha se queda…

VOY A DEJARTE, CARIÑO

-Voy a dejarte, cariño.

Si le has echado un par de huevos se lo dirás a la cara, sino dejarás que algún emoticono triste le transmita tu profunda desazón en un sms, o se lo cascaras por el twitter a lo Forlán. En cualquier caso estamos hablando del tipo de palabras que a todo el mundo le disgusta pronunciar, y por muy buenos motivos.

De ser el que las escucha tienes que saber que la solución elegante esta clara, decir que sí, que tiene razón, que aquello no iba a ninguna parte y que a la larga será lo mejor que podéis hacer. Dando a entender de paso que tú también andabas con la mosca detrás de la oreja, que también pensabas en dejarlo y que al final ella te ha hecho un favor evitando que fueses tú quién hubiese de dejarla. Dejándola –y aquí está lo bueno- más afectada de lo que nunca pensó en un primer momento.

Ahora bien, esto no es lo habitual. De hecho y siendo sinceros es algo con lo que nunca en toda mi vida me he encontrado, más bien me doy siempre con la habitual llantina- cara de disgusto en un primer momento, los sms lastimeros de la semana siguiente y después la procesión habitual del odio eterno, del mecagonDios, cagonmivida y cago en tu puta madre, siempre tan poco elegantes cómo efectivos. Y es que quién tiene un amigo tiene un tesoro y quién tiene una ex… tiene un problema.

Cierto que de ser un mundo guay, a lo mundos de yuppy, lleno de pequeños ponys o de osos gummy, nadie debería verse en la situación de tener que asumir no ser lo bastante bueno, de tener que comprender que las abuelas mienten, que a diferencia de lo que nos dicen no somos lo bastante guapos o listos o buenos como para retener a ese alguien que se va.

Y todo esto, sin dejar de ser cierto, no tiene por que se verdad. Aquí al margen de lo que sea cada uno o cómo se haya comportado, lo cierto es que cada persona pasa por su infierno privado (private hell!!), cada uno viene con su bagaje y sus cuentas pendientes y cada uno busca algo a lo que no siempre podemos responder. No hace falta pues que carguemos con toda la culpa y si, lo digo para que algunas personas se sientan mejor. Pongamos que conozco a una chica inteligente, cariñosa y elegante, un auténtico bellezón que me quiere y me mima y supongamos que en cuestión de semanas la mando a tomar por el saco a la primera de cambio, no tiene porque ser su culpa si en este caso yo mismo he boicoteado deliberadamente la relación porque en secreto lo que realmente deseo es volver con mi ex. Ahora prueba tu a explicarle nada a nadie arrancando con el no es por ti, es por mi. Mejor dile que te estas asfixiando dentro del armario y que tienes que salirte corriendo a jugar al tírame del rabo, aún cuando no sea cierto ahí le darás algo en lo que creer sin sentirse culpable.

Tampoco creo que sea culpa del abandonado si habiéndote metido en una relación, por pura inercia y sin un pijo de ganas, te cansas un par de semanas después, conoces a alguien más molón o Dios no lo quiera te paras a pensar y te das cuenta de que allí no pintas nada. En cualquiera de las tres terminas dándole la patada de mala manera y volviendo al escenario del no es por ti, es por mí. Otra vez te recomiendo que le digas que prefieres irte a perseguir salchichas que quedarte allí explicándole todo lo anterior, ni lo va a entender ni va a querer hacerlo, quedarás cómo un cerdo de todas-todas y si vienen mal dadas, sobretodo si la moza salió poligonera, terminarás defendiendo tu vida de los primo hermanos del Yonan a la puerta de cualquier bar.

Que ojo, que no digo que saberse libre de pecado vaya a hacer gloria bendita, que las depresiones no desaparecen y cuanto más egocéntrico sea uno peor. Que tampoco digo que haya gente que no se lo merezca, que hay mozas que cuanto más las conoces más ganas te dan de echar a correr a lo Forrest Gump pero sin parar ni al llegar al mar,  que las hay más zorras que el caballo de David el gnomo y más malas que una coalición de brujas de Disney. Que hay tíos más inútiles que un funcionario en horario de oficina y más bichos que dos tarántulas siamesas, que hasta servidor se pone intratable cuando pierde perspectiva y que simplemente hay gente que no, que no te entran por el ojo bueno y que luego da igual que te empeñes que no, que contigo no, bicho. Y luego ponte parriba o pabajo, que te la pique un pollo y que no te quiero cerca porque es que hablas y me dan ganas de tirarme por el puente colgante, no, me dan ganas de tirarte a ti por el puente colgante. Si, esto es lo más común. Lo se yo, lo sabes tú, lo sabe todo el mundo, luego arráncate con el no es por ti es por mi, te cruzaran la cara y con razón, pero si no querías dejarlo, no haberlo empezado.

NO ME QUIERO CASAR

¿Ayuda escribir a combatir el calor? Pues no. Pero es de bien nacidos ser agradecidos y en vista del renovado interés de algunos lectores díscolos bien vale la pena el esfuerzo, bienvenidos de nuevo aún sabiendo que nunca me habíais abandonado del todo.

Ahora al lío. ¡Regocijaos todos! ¡Nos vamos de boda! Vamos a ponernos guapos mientras dejamos temblando las cuentas del banco, dejándonos sueldo y medio en ropa que no nos volveremos a poner y reactivando de paso la economía. El amor está de moda y como los momentos mastercard no tiene precio y oye, si hay que tirar la casa por la ventana se tira, que estos dos son de los buenos y no tiene pinta de que nos vayan a hacer pasar por esto de nuevo.

Y es que tras pensarlo un rato no se me ocurren dos candidatos más ideales para el si quiero. No tenían pinta, ni ganas, pero todo fue proponérselo y tirar para adelante, normal por otra parte. Pareja de hecho y profundamente enamorados el uno del otro desde los quince años, eficacia demostrada en lo bueno y en lo malo, respeto mutuo más allá del cariño, amigos en común y comunes gustos y aficiones, afinidad en el test de la Cosmo… 110% y tirando bajo. Verlos crecer, divertirse y madurar juntos estos años ha sido para mí un placer, un honor y un privilegio, verles ahora el día de su boda sabiendo que no se les puede desear nada mejor a ninguno de los dos es algo precioso, intenso.

Pero sin mierda ególatra y narcisista este blog no sería mío, así que dejémonos de cosas bonitas y centrémonos en lo de siempre. Porque si la envidia fuese tiña a mi me llamarían Juanito sin piel o Juanito dentro afuera, o al menos eso pensaba al principio. Porque aquella llamada imprevista, aquel “tío vas a flipar, ¿estás sentado? ¡me caso!” cayó al principio, al margen de la sorpresa, cómo un golpe de adrenalina, un subidón y un riego de endorfinas. Hostia tú, que este se casa, y a los cinco minutos bajonazo existencial.

Porque ahora este se casa, el otro se va a trabajar a no se dónde, o a hacer un master a no se cuantos, a aprender chino a China o bable a Canadá, fulanito está embarazado y contento, menganito ha comprado tal bar, a la vecinita de al lado le ha salido un curro en Baleares y tú, mientras, sigues con la sensación de seguir atascado y en lo de siempre, matándote a currar y más sólo que la luna lunera. Y la sensación cómo de quedarse rezagado en algún tipo de carrera te invade, haciéndote sentir estúpido y culpable, ahora bien, todo es cuestión de buscar un poco más y no me refiero a excusas.

Me hago mayor, y a cada día que transcurre formando un poco más mi identidad crezco cada vez un poco más intratable. Celoso de mi espacio y de mi tiempo, cada vez más limitados, me dedico principalmente a trabajar, escribir, entrenar y a ver las series que yo elija en el momento que yo elija.

Sobre el trabajo poco o nada que decir de momento, trabajo es trabajo y cuando se trata de trabajos con “s” el esfuerzo y el tiempo se duplican, no el crecimiento personal. De momento poquísimo tiempo libre invertido casi por completo en la segunda ocupación. Un lujo vamos.

Escribir poco, menos de la mitad de lo que debería. Finiquito la parte de sistema de libre acceso la semana entrante, espero que la disfrutéis y que me empecéis a regalar vuestras primeras notas y comentarios. Espero no atascarme con la segunda parte al dejar de publicar los avances cómo ya me ocurrió la última vez. Sobre Turnedo, lo de la portada se está alargando, lo sé, pero las cosas de palacio van despacio y no conviene presionar a los artistas, son almas atormentadas que tienen sus propios tiempos. En un par de semanas espero tenerla en Amazon, si hago cualquier tipo de presentación antes os avisaré por aquí. Las críticas son muy favorables, de momento todas, y no me meteré en correcciones de última hora salvo que consiga la opinión de algún crítico de lujo, pero no habiendo manera hasta la fecha voy perdiendo la fe.

Lo de entrenar en fin, en verano poco y mal, mucha goma, mucho hombro y muy poca cosa en general. Un descanso a mis carnes cada vez menos firmes, pero entre otras estoy considerando ponerme bestia a lo bestia, diseñándome un programa de ocho meses, con dieta de engorde bovina, atiborrarme de proteínas, creatina y aminoácidos. Todo fuerza y volumen, subiendo los cinco kilos que me separan del jabalí que se que llevo dentro. Tendré que olvidarme de los abdominales y ver cómo se me desarrolla un bandullo de espanto, véase una preñez perenne masculina, pero estoy bien dispuesto a ello.

De las series ya hablé, y de lo social lo de siempre. Cada vez más directo y más brusco, desechando a todo el que me toca las pelotas y cada vez más desencantado con el género femenino, quiero decir, no, me encantan, pero el caso es que hace tres años que no encuentro a una chica que me haga considerar aquello de casarme como una buena idea. Cuestión esta que no me hace sentirme precisamente bien. Rememorando de nuevo mi colección de estupideces y cagadas de los últimos años.

Entiendo que tiene que haber una serie de palabras, nuevas o ya usadas, que en un orden determinado consigan que finalmente me explique con claridad, pero no termino de dar con ellas. Por mi parte creo que dos años después ya voy aprendiendo una lección muy dura y cruda.

De vuelta a lo de casarse. Ni de coña, no tengo ni tiempo ni ganas ni con quién, así que la sensación deprimente no puede venir en ningún caso de la envidia, no, de ninguna manera. Tal vez me retrotraiga a mis momentos mas oscuros, hace un par de inviernos, obsesionado con el gimnasio y con el full, conocido y tratado por nombre de combate cómo Dieguito “mala vida” (fruto de una bravata del estilo “a ti voy a darte yo mala vida” o similar) y roto o casi moral y anímicamente, enfermo terminal de mal de amores, sin trabajo y con nada mejor que hacer. No, definitivamente no puede ser la sensación de estar estancado. Va a terminar siendo envidia sana y la pregunta de siempre, ¿qué hubiese sido de mi si las cosas me hubiesen ido bien? Aunque espero que sea para mejor, estoy muchísimo más hecho ahora de lo que lo estaba entonces. ¡Viva los novios!

Y LLEGÓ EL VACÍO

Y tras un tiempo llegó el vacío. Y en verdad hacía un tiempo que lo temía.

No sé si se debe a la autoimpuesta limitación de papel, obligándome a cerrar el blog tras unas cuantas entradas más, no sé si será por el exceso de trabajo, esa enormidad de horas yendo y viniendo permanentemente de un sitio a otro, la imposibilidad de conectarme a Internet por periodos prolongados, el calor del verano o la influencia negativa que ejerce sobre mí la luna durante el menguante de agosto. Pero lo cierto es que por más que piense en ello no se me ocurre nada bueno sobre lo que escribir.

Al menos una vez pasada la enésima despedida, un nuevo popurrí de series, otra descripción de un sueño extraño y otro habitual -por reiteración- artículo descriptivo de la letanía del abandono de los últimos dos años. Esos fueron los comodines y ahora nada,  seco, seco cómo los campos en este verano que todavía no llega y en el que ya ha empezado a caer la hoja de los árboles.

Pero no estoy tan desesperado cómo para hablar del tiempo aunque si alguien cree que la ausencia estival está conectada con su perenne mal estado de ánimo podemos formar un club. También llevo unos días molesto con la permanente retahíla de comentarios incendiarios que surcan las redes sociales, contra el papa y la iglesia generalmente por parte de gente joven autodefinida como de izquierdas. Veréis, yo no soy un tío religioso, no voy a misa a menos que sea estrictamente necesario y si lo hago no voy por la salvación del alma eterna del difunto, lo hago por prestar apoyo con mi presencia a la familia del finado. Además cómo licenciado en historia estoy mucho más al tanto de los desmanes, corrupción y atrocidades cometidas por hombres de la fe a lo largo de los siglos que muchos de los que ahora les critican, no obstante y sin necesidad de presumir nuevamente de título os diré lo siguiente, la estupidez ha acarreado a lo largo de la historia muchísima más corrupción, atrocidades y desmanes que la que es santa casa para estos señores católicos.

Al margen de la necesidad o no de una iglesia cómo la católica, al margen de la acción social de caritas o de los propios religiosos y al margen de su labor cómo guardianes y conservadores de innumerable patrimonio, al margen de todo esto y de lo demás, yo no me meto con ellos porque no veo la necesidad de criticar a una persona por sus creencias, sea católica, musulmana, ciencióloga u ornitorrincóloga, crea en Budha, Jesucristo o en los osos Gummy, porque no me meto con nadie que no se meta conmigo o que no cause mal premeditado u inconsciente a la totalidad de la sociedad o partes aisladas de ella.

Si hay atascos, trabajo extra en urgencias o la necesidad de recoger un poco más de basura a mí me vale. Porque basta con echar números para saber que los niños y niñas del polo y el to tus tus, se van a dejar un pastón allí por dónde pasan, basta con echar cuentas para sacar en claro que esta visita papal nos va a dejar varias decenas (sino más) de millones en beneficios. Luego justificamos todo por la crisis, aceptamos sin demasiado ruido una falta de trabajo y oportunidades sin precedentes, pero nos llenamos la boca criticando la lluvia del maná católica caída estos días por toda España. ¿En serio qué creen que va a pasar si consiguen las olimpiadas? Ojala se escuche a los progres mandrileños y el próximo encuentro con el papa se haga en Cangas del Narcea oiga, igual así pagábamos el pufo del ayuntamiento…

Otro buen argumento sería decir que no veo a los jóvenes cristianos quejándose de la abundancia de progres trasnochados por las redes sociales. Pero bueno, que los zombies del Papa se entiendan con los zombies del Público-La sexta y a mí que me dejen en paz.

Pero tampoco quiero hablar de esto más allá de lo presente, siento alergia por los opinólogos en general y por los deportivos en particular. Los medios están tan corruptos cómo aquellos que les gestionan  las subvenciones y desde el articulista más modesto hasta el redactor más reputado son parte del problema, nunca de la solución. Criticar a unos chavales que vienen a dejarse la bolsa y la vida a España a cambio de un par de misas y no criticar a quién deja un saldo de cinco millones y pico de parados no es vergonzoso, solo puede ser o estúpido o abiertamente malvado. Y prestar oídos a estas estupideces es aún más estúpido, y más de mi parte.

Pero si que es algo, es fácil, prácticamente cualquiera tiene una opinión sobre todo, basta con adornarla un poco, dorar bien la píldora y buscar una plataforma afín dónde verterla, con tiempo y el mínimo esfuerzo de lanzar un par de artículos al día la reputación terminaría llegando, de santo para unos y de demonio para otros, pero llegaría pronto, bien pagada y sin necesidad de pensar.  ¡Dios! si los tontos volasen no veríamos el sol.

No, no voy a hablar de estas cosas, no quiero. Entiendo que los ánimos estén encendidos con esto, pero también sé que la semana que viene lo estarán con otra cosa y a la siguiente con otra, la anterior se cuestionaba a los mercados y a las agencias de rating (se que son malas, pero políticos, bancos y sindicatos no son mejores), esta al Papa, la próxima la huelga del fútbol y la siguiente será otra puta mierda por el estilo. Y yo no seré participe de eso, me centraré en escribir mis novelas, en escribir sobre mujeres que no me importan y sobre la mujer que ha sido mi tormento y duda durante todo este tiempo, porque aunque así no me gane la vida sobre esto si que vale la pena escribir.

No escribo sobre el entrenamiento porque esos artículos no los leía casi nadie, no escribo sobre cine porque hace siglos que no veo una película buena, no escribo más artículos cómo los más leídos porque válgame el cielo –luego dicen que el obseso soy yo-, no escribo sobre quién quiero escribir para no ser cansino y luego escribo sobre ella para no sentirme culpable, no encuentro nuevas musas y por eso cada día me aburre un poco más. No recuerdo su cara, Dios, no la recuerdo para nada. Y sí, tengo dos nuevas novelas completas y desarrolladas prácticamente en su totalidad dándome vueltas en la cabeza, temo perderlas poco a poco, a medida que el tiempo en barbecho les vaya arrancando pedazos, pero me falta esa motivación vital necesaria para sentarme y escribir, me falta quién me lea. Quién me lea a mí y no lo que escribo, y acabo de descubrir que eso es más difícil de encontrar de lo que imagináis.

Pero restringiendo tanto la inspiración se seca y esta semana no he tenido tiempo para la novela, las chicas que he conocido no me dicen nada y ella cada vez me dice menos… nunca he estado tan cerca del vacío cómo lo estoy ahora y no lo vi venir.

NOVIOS DE REEMPLAZO Y CINCO FORMAS MAS DE HACERNOS MIERDA

La chica me golpeó varias veces la palma de la mano con su frente, con fuerza y premeditación, la suficiente para que me preocupase dejarle marca. Sobra decir que ese tipo de conductas despeja y despierta la atención, más cuando vienes con actitud incrédula por bandera y varias copas de más. Después me colocó esa misma mano entre las suyas y comenzó a estirarme la piel con sus pulgares del centro de la palma hacia los bordes, acercando mucho la vista mientras lo hacía, prestando atención a cada pequeño detalle de la piel y de cada línea dibujada en la misma, analizando su longitud, su curvatura, su profundidad y su limpieza. La gente a nuestro alrededor calla, su grupo de amigas permanece atento a la mística y el mío calla y atiende por curiosidad, en medio de la Mon el silencio jode y yo termino por sentirme incómodo. Por fin la vidente se detiene y se pronuncia.

-Vivirás mucho –siempre lo he dudado- y bien –siempre lo he esperado- tendrás oportunidades de ser feliz –cómo todos- pero las desaprovecharás –nos ha jodido-.

Ahí es nada. Libra el esperpento porque aún ahora creo que todo fue un complot para encamarme con la chica con quién en efecto terminé durmiendo, o quizá y solo quizá todo sea la forma del universo para advertirme de que al final y no importa lo que haga la terminaré cagando, y con todo me refiero al haber bebido, a la vidente borracha, a la noche con la citada chica, a mi vida y al universo en trazos generales.

Pero bueno, quién la ha tenido y no la ha jodido no ha vivido y quién no la ha tenido no sale de casa. Por supuesto hablo de la oportunidad, siendo la oportunidad perdida causa matriz, primera y generadora de este blog y ahora causa de su misma desaparición, pero ahora por imperativo biológico.

Oportunidades que se presentan asgaya cuando hablamos, cómo ya hablé, de julio en Cangas. Reencuentros y encuentros con canguesinas por doquier que dan cómo resultado una sobreexplotación de las redes sociales y multitud de tours guiados a los rincones oscuros del prao del Molín. Esto es, salir a tomar algo cualquier día del Carmen u o con eventos, llegar a casa y ver tres peticiones de amistad, concretar algo para la siguiente noche con evento y después aquello de la semillita, papá y mamá. Al menos es así al ojo inexperto siendo en realidad mucho más complicado, y es que si la vida fuese fácil todos los tontos serían millonarios.

Y es que hoy por hoy y para aquellos que no frecuentamos quinceañeras el campo de batalla es bien distinto. Aquí unos ejemplos, empezando por el referido en el título.

El novio de reemplazo viene a ser una antiquísima costumbre que tengo por muy propia del género femenino. Fruto de darse demasiada prisa en cerrar relaciones con personas poco compatibles, el poco gusto por la vida de soltera y la disponibilidad de multitud de varones a prestarse a este tipo de juego nada limpio. Es de aquí de dónde viene la figura de la falsa soltera, que es aquella que aún sintiéndose soltera de cuerpo y espíritu viene con novio, al menos hasta que encuentre a alguien de garantías con quién reemplazarle. Esta actitud siempre me causó cierta repulsión, pero poco a poco y a medida que descubro lo habitual de la misma no me está quedando más que tragar con ruedas de molino. De todos modos no mola, aún cuando el otro tipo te importe la mitad de un carajo, debes y en mi caso no puedo evitarlo, preguntarte en qué le impedirá hacerte a ti lo mismo que le hace a él.

Tampoco es agradable dar con hombres fantasma. Algo por otra parte muy habitual, porque no nos engañemos, todo el mundo tiene a alguien en la cabeza a quién desbancar. Alguien de quién estás enamorado o a quién al menos preferirías echarle uno antes que a quién acaba de llegar y te lo ofrece, esto es, desde sentimientos profundos hasta una mera cuestión de antigüedad. En mi caso, el tiempo y la distancia cortaron un patrón de tal perfección que ninguna otra chica era capaz de pasar el corte, nadie era suficientemente bonita, buena o inteligente cómo para hacerme olvidar a la última y por eso mismo lo pase mal una temporada. Ahora es toparme con gente en una situación similar y faltarme piernas para salir huyendo. No hay forma de luchar contra fantasmas (mas que convertirse en uno).

Otro problema que puede darse es el campeonato de desconfianza. Veamos, a todos nos han hecho daño, por rechazo o por abandono, y es perfectamente lógico no querer exponerse fácilmente a otra experiencia similar. El problema viene cuando la situación sentimental se convierte en campo de batalla, cuando te pasas el día recordándole a la otra parte lo poco enamorado que estás y lo mal que haría ella implicándose contigo, terminando por dejarla cuando ves que te hace caso omiso. Te dices que era por su bien, cuando realmente eres tú el que no quería implicarse con nadie, el que se cagó de miedo al verla dejarse llevar por temor a una nueva emasculación anímica. Después de todo fue dejándose llevar como empezó todo la última vez.

Por el contrario y aquí va una cagada bastante habitual, el exceso de confianza, es capaz de espantar al más valiente e incluso al más pringado de los amantes. Si una chica decide por su cuenta y riesgo quedarse a dormir antes de que se lo ofrezcas es atrevida, si duerme más que tú o se levanta más tarde es incómoda, si te pide una toalla para ducharse empiezas a ponerte en lo peor y si directamente entra a revolver en tu armario lo sabes, si además se queda a desayunar y tienes que jurarle que has de ponerte a trabajar para que se vaya… entonces si que la has cagado. Corre y escóndete.

Aquí aprovecho para matizar otra vez que soy un gran fan de las mujeres, tengo todos sus álbum (Hank Moody) incluso los EP y las pruebas de estudio. Y si en este caso aparecen cómo los sujetos de estudio es solo porque son los casos que mejor conozco, pero estoy seguro de que todas estas situaciones son aplicables a ambos géneros en todo tipo de variables. Guardad los cuchillos, me pone nervioso tanto sonido de piedra de afilar.

A este propósito un error más común en hombres que en mujeres es el eco del gemido. Consistente en la paja mental que te montas tras pasar una noche mágica con alguna chica que, casualidades de la vida, se ha aprovechado de ti. Seguramente sea alguna chica con un hombre fantasma bien gordo en su equipaje, pero el caso es que mientras tú te montas un perfecto idilio romántico en tu cabeza lo único que ella buscaba era un par de paseos sobre el mecanismo hidráulico bajo tus vaqueros. La verás, le sonreirás cómo un gilipollas en un exceso de confianza y pasará de ti en un campeonato de desconfianza. Supéralo.

Finalmente y en lugar aparte quiero dejar las formas tradicionales de cagarla. Prestando demasiada o demasiada poca atención, teniendo un cuelgue por una chica con novio y que en este caso no piense en reemplazarlo, emborrachándote y soltando alguna estupidez, emborrachándote y yéndote con alguna estúpida, hacerse tanto de rogar que te manden a la mierda, mandándola a la mierda justo antes de que se deje de hacer de rogar, apuntando a demasiados objetivos a la vez, viendo oportunidades dónde no las hay o bueno, casi de cualquier forma que se te pueda ocurrir, que creas que puedes remediar o que no concebirías ni en un millón de años. Nunca subestimes hasta qué punto o de qué manera puedes llegar a cagarla.

Yo las conozco casi todas y tengo la sensación, que no la confirmación, de seguir cagándola un poco más cada día.