VA DE SERIES

True Blood, Breaking Bad, Raising Hope, Misfits, Wilfred, Modern Family, Game of Thrones, Boardwalk Empire, The Walking Dead… ya es un hecho, abrir la página de seriesyonkis, danko o pepito supone una perspectiva mucho más rica y mejor que la cartelera de cualquier cine, en parte por la variedad del menú y en parte por la calidad del mismo, HBO, Showtime, AMC… han subido el listón del género de la serie televisiva, redimensionando para siempre el formato y alejándolo del aura de la serie B.

Véase el éxito mundial de dos superproducciones para la cada vez menos pequeña pantalla de nuestros hogares, Game of Thrones y The walking dead. Y digo superproducciones por el propio planteamiento de las mismas,  enraizadas en los géneros de la fantasía y la ciencia ficción siempre tan caros de adaptar, tan espectaculares cómo dificultosos. La primera, Juego de tronos, de la factoría HBO y con el sello de David Benioff y D. B. Weiss adaptando la novela homónima de George R. R. Martin, introductoria de la extensísima saga canción de hielo y fuego.

Todo un pelotazo, la compra de la historia por parte de la cadena entusiasmó a la legión de fans de la popular saga literaria desbordando toda expectativa, la producción de la misma se convirtió en todo un reto desde el primer día y el resultado no se puede discutir, millones de seguidores en todo el mundo pendientes de cualquier nuevo avance que asome por la web. De esta primera temporada destaca el gran papel de Sean Bean, quedando ahora por ver qué nuevos giros veremos en abril con el estreno de la segunda temporada. A priori el reparto se presenta bastante envejecido en comparación con lo que se ve en los libros, en los cuales el desarrollo argumentativo es extremadamente lento transcurriendo apenas un par de años en los cuatro tomos (Winter´s keep on coming), provocando adaptaciones a menos que estos actores resulten inmunes al paso del tiempo. Habrá que ver también cuantas temporadas se propone sacar adelante la HBO y cuántas verán finalmente la luz. Personalmente espero un mayor despliegue de medios para la próxima temporada superando situaciones como el pauperismo escénico en el torneo de King´s Landing,  así como recursos tan poco originales cómo dejar inconsciente al protagonista a la primera ocasión para ahorrarse las escenas de lucha.

The walking dead es otro tanto de lo mismo. Adaptación de Frank Darabont del popular comic americano para la cadena AMC. He leído recientemente que el propio Darabont ha causado baja de última hora en el proyecto televisivo así como la existencia de dudas respecto a su continuidad por problemas presupuestarios. En cualquier caso es seguro nuestro disfrute de al menos una segunda temporada protagonizada por el mismo elenco de la primera,  con Andrew Lincoln a la cabeza. Temporada en la que espero se solucione la falta de ritmo vista en algunos episodios de la primera (tell it to the frogs), poco procedente para una serie con el fin del mundo cómo escenario. Ya es hora de ver más acción y Apocalipsis sustituyendo al aura de angustia e incertidumbre tan característicos de la primera temporada. Dios no habría creado los zombies y las cortacésped si no quisiese que atropellásemos a lo uno con lo otro.

Hablando de dramas un tanto lentos hay que hablar de Breaking Bad. Creada y dirigida por Vince Gilligan para AMC, esta serie es básicamente la culpable de que me imagine un laboratorio de metanfetamina dentro de cada autocaravana que veo, es más, es la culpable de que me imagine a mi mismo cocinando meta y haciéndome rico dentro de esa autocaravana. Grandísima serie y tremendo reparto. Su catalogación como comedia resulta por el contrario inconcebible, Walter White (Bryan Cranston) es un brillante químico fracasado en su carrera que se dedica a las clases de instituto, pasa sus tardes pluriempleado en un túnel de lavado, tiene un hijo con parálisis cerebral y una mujer embarazada… cuando le diagnostican cáncer de pulmón.  Entiendo que el surrealismo de algunas escenas resulte cómico, así cómo que el rostro de Cranston tan reconocible por su papel en Malcolm pueda confundir, pero llamar a esto comedia no tiene perdón. Críticas, la constante búsqueda de simbolismo y el protagonismo de distintos elementos de atrezo puede llevarte a pensar por momentos qué estás viendo alguna insufrible película centroeuropea, además de la profunda aversión que me despierta la brillante actuación de Anna Gunn en el papel de la insufrible, manipuladora, controladora y desagradable en general Skyler.

Espero también cómo agua de Mayo la nueva temporada de Boardwalk Empire, el drama mafioso del creador de los soprano e inspirado en la Atlantic City de la ley seca que tan buena imagen me dejó tras su primera temporada. Así cómo una nueva temporada de la eléctrica e impactante miniserie Misfits, tan recomendada por Chavis (Xavi-catalán, Txabi-vasco, Chavi-Asturiano, Chavis –rizando el rizo) cómo original.

En curso se encuentra la cuarta temporada de True Blood, con un nuevo capitulo on line cada lunes y el ritmo habitual de resolución y aparición constante de nuevas tramas. De momento la temporada lleva mejor ritmo que su predecesora y resulta -salvo por un terrible inicio de temporada al mas puro estilo embrujadas- igual de brillante que de costumbre. La adaptación televisiva de las novelas de Charlaine Harris se mantiene relativamente fresca e igual de recomendable para aquellos que aún no la conozcáis, no así cómo otra de mis favoritas: Californication, muerta entre los grises de todos los finales que se alargan demasiado, no sobrevivió a los cambios bruscos en el reparto ni al excesivo victimismo de su protagonista. Una verdadera lástima.

Ahora bien, alegra esa cara,  hablemos de comedias. De una parte la familiar –valga la redundancia- Modern Family, una tanto convencional pero aún así brillante comedia de situación, Wilfred, que merece su comentario aparte, y Raising Hope, lo último del genial Greg García.

Ryan es un joven frustrado, descontento con su trabajo y con su vida que ha decidido despedirse del mundo cuando conoce a Wilfred,  un australiano disfrazado de perro adicto a la marihuana y al caos social, al que el resto de la sociedad ve únicamente como a un perro y a quién solo él escucha hablar. No deja de ser el cuento del hada madrina, un viaje en busca de la realización personal guiado en este caso por un hombre en disfraz de peluche ninfomano, bebedor, drogadicto y manipulador. ¿En el reparto? Ni más ni menos que Elijah Wood, que ahí es nada.

Por último pero no por ello -ni de lejos- menos importante, Raising Hope. Una de las alegrías-revelaciones de la temporada. Un nuevo puntazo del creador de  Me llamo Earl basado en esta disfuncional familia de clase baja americana, cómico exponente de la White trash. Un reparto sin demasiadas caras conocidas y un argumento construido únicamente en busca de la diversión pura en torno a la historia de un padre soltero. Situaciones surrealistas para alegrarte los veinte minutos del desayuno antes de ir a trabajar, ideal para empezar el día con una sonrisa o no acostarse enfadado, no deberíais perdérosla.

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