LARVAS POLITICAS

Había algo mal con el debate del otro día en televisión. Ya sabéis, el cara a cara (como se dice a la modé) entre Rubalcaba y Rajoy. Pero precisar cuales eran los motivos de esta discordante sensación sería un trabajo arduo (largo, duro y fatigoso-cansado) por lo que sólo raspare la superficie ya que además tampoco es el tema que me interesa.

En pantalla se encontraban los dos candidatos a presidente de los dos únicos partidos mayoritarios de este país, a la sazón y por circunstancias los dos únicos sujetos presidenciables del mismo -al mindundi del centro ni lo cuento porque para qué, si no se supo hacer valer en el debate menos aún en este post-. Y la sensación de disfuncionalidad a la performance le brotaba ya desde la raiz. Al elevado coste del mismo se sumaba su escasa necesidad, los cruces de declaraciones permanentes y el pauperismo del periodismo político nacional vaciaron previamente la cita de todo contenido, dejando al puro morbo la única causa probable, sumando además la pobrísima presencia de ambos contendientes,  su escasísimo bagaje intelectual y la nula profundidad de los programas de sus correspondientes programas. Reduciéndose todo a la postre a una pose. Lamentable, por cierto.

Aura telecinquense. Cruce de reproches, ningún respeto por los turnos de palabra y ni una nota de interés en la prensa del día siguiente. Tablas, y ganador a los puntos el que todo el mundo dice que ya iba ganando. Bueno, quizá si sean interesantes los recortes de la prensa extranjera, el NY Times describió el debate como una riña de jubilados de parque que no interesaba a nadie, nos tienen calaos los jodíos yankis y mira que nos gusta criticarles.

Resumiendo, en pantalla dos de los directos responsables de la actual ruina del país, jefe de la oposición uno y el otro hasta hace bien poco ministro del interior, culpables ambos, aún más desde la perspectiva católica por aquello de la palabra la obra y la omisión. Zapatero queda ya retratado como el peor presidente de la historia de la democracia, ya no tiene el pobre quién le escriba ni siquiera de entre su piara de ministros allegados y limpiaculos, torpes y analfabetos, faltos de preparación y de sentido común, quedan perfilados a la luz de los resultados. ¿Quiénes? Blancos, Moratinos, Leyres, Bibianas, Sindes, Magdalenas, Calderas, Sebastianes, Rubalcabas… ineptos y buenos para nada, cualquiera de ellos hubiese echado a pique un bar en meses, hacerlo con el país les llevó años. En frente y a punto de recoger el testigo el incansable Mariano, posiblemente el peor jefe de la oposición de un grupo mayoritario en la historia de la democracia, con el permiso de Almunia y Llamazares por supuesto. Quede claro mi punto de vista. Si estas son las cabezas de partido… ¿a qué le olerán los pies?

Desde luego no a rosas, seguro que no es a rosas. Pero no adelantemos acontecimientos y dediquemos un segundo a analizar esa magna estructura creada en lo más profundo de algún infierno, puede que surgida de la caja de Pandora o desenterrada en alguna cripta de páramo, bajo un pentagrama a los pies de altar presidido por una cruz invertida: el partido político.

Y eso que el concepto teórico es bueno. Un grupo de personas con inquietudes políticas y unos ideales comunes se agrupan entorno a una estructura común o partido, con fin de presentarse a las elecciones y alcanzar un puesto de poder desde el que ejecutar su programa político..

El problema viene cuando como ahora, la estructura política crece más allá y mucho más lejos de cualquier ideal o programa. Se vuelve un problema orgánico cuando las cúpulas de los partidos se paralizan y enquistan ocupadas por personas ambiciosas y faltas de escrúpulos, principios y preparación. Y amenaza con volverse fatal cuando dos de esas estructuras se multiplican hasta engullir al resto, junto con el debate nacional y la prensa libre, finiquitando las demás opciones y de paso la vida política nacional.

La solución es terriblemente sencilla. Un sistema de listas abiertas mediante el cual los ciudadanos podamos elegir a nuestros representantes y no únicamente unas siglas o colores. Naturalmente para esto si hay quorum entre los partidos y de eso nada de nada. Que a ver dónde vamos tocando los cojones con eso de elegir que no tenemos ni puta idea de lo que han tenido que pasar para llegar a estar donde están. Ideario de perroflauta capitulo uno, la gente de ley no debe aprestar el oído a esas tonterías, hombre ya.

Pero luego sí que nos piden el voto, nos prestan el oído cariñosamente siguiendo aquella máxima del Don Juan de barrio que reza: “prometer hasta meter y una vez metido olvidar lo prometido”. Que ya se que no es nada nuevo, que lo sabemos todos. Que los partidos son clanes caciquiles, sectarios y oscurantistas. De las sedes centrales en orden decreciente de malformación hasta las de las localidades más pequeñas, mucho más cercanas a la naturaleza actual y final de estas organizaciones, grupos de familias y amigos unidas por unas siglas y colores, agazapados y dispuestos a repartirse las prebendas municipales.

Y aquí mención especial y alma mater del presente articulo: las bases.  Y que quede claro que no todo es paja, que hay algo de grano, gente sencilla trabajando por un bien social, poniendo su empeño y entusiasmo en una organización más grande que su propia persona con el fin de crear algo bonito, de ayudar a sus mejores a construir un mundo mejor. Y a ellos una palabra: déjalo. Si quieres hacer algo hazlo, pero no en el partido. Si te gustan las setas monta una asociación micológica, si te gusta el fútbol haz una peña de tu equipo, dedícate a la filatelia o al vuelo de cometas, de hecho estarías mejor volando sellos y organizando álbumes de prensadas cometas. Coño, tírate de un barranco, aprende a tocar el piano, da clases de natación o échate novia, pero no apadrines políticos por lo que más quieras.

Y además de las razones anteriormente referidas aquí tienes otra. Salte del partido porque si no nos haces casi imposible a los demás distinguirte de los trepas, si, los eternos aspirantes al puestín, toda es caterva de subnormales, mancos e hijos de puta que forman las bases mas elementales de los partidos políticos. Aspirantes a la vida regalada y cáncer de la política española. Opinólogos de tabernilla y red social, tan pagados de su propia y arduamente cultivada ignorancia que ofenden al habla española y al oído de todo aquel que se lo preste. Crías de politiquillo y larvas del bicho político, corruptor del estado y parásito de sus arcas que infesta las páginas de los periódicos. Chusma de las listas de aspirantes a tal o cual alcaldía, secretarios de la organización, caudillos de juventudes, portavoces vacías y páramos morales. Sí, esto es a vosotros, basura, recado de un ciudadano que os desprecia. Políticos de carrera, y una mierda para vosotros, haced algo de vuestra vida, creced en el mundo, cómo profesionales, intelectuales y personas y después, si queréis, dedicaos a la política. No hay ningún merito en un currículo cuya única anotación sea la de cuarenta años de experiencia en el partido. Vuestros partidos.

Y da miedo decir esto en voz alta, dónde vosotros sicarios alcancéis a oírlo, pero es un miedo que se va pues en este país de pandereta del que sois tutores nadie se da por aludido. Y menos aún vosotros, coriáceos mamarrachos con tanques de ácido y bilis por estómago.

Y el domingo expresaré mi opinión -junto con mi deber cívico desempeñando una mal pagada labor en el proceso electoral- de la manera más acorde a mi forma de pensar. Y no será no votando, ni votando en blanco ni nulo, sino votando a quién más os joda. Y que con un poco de suerte os joderá bien.

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